Con el tiempo, GIMP se ha ganado un puesto sólido como la alternativa de código abierto más seria frente a los editores de fotos de pago. El problema, y quien lo ha probado lo sabe, es que su interfaz sigue asustando un poco a quien se sienta delante por primera vez. Botones por todas partes, paneles que aparecen y desaparecen, menús que parecen escondidos a propósito.
Hablamos de un editor gratuito y multiplataforma que funciona igual de bien en Linux, Windows y macOS. Soporta capas, canales y complementos, esos plug ins que amplían las herramientas de procesamiento de imágenes según lo que uno necesite. Y las últimas versiones han sumado algo interesante, la edición no destructiva, que permite tocar ajustes y filtros sin cargarse de forma permanente el archivo original. Entender esta lógica interna es, en el fondo, lo que separa a quien hace cuatro retoques básicos de quien saca partido de verdad al programa. Sobre todo para los que empiezan desde cero en estas lides.
Capas y canal alfa, la base para los fondos transparentes
Trabajar con capas en GIMP se parece bastante a apilar transparencias unas encima de otras. Cada capa guarda sus propios elementos, independientes del resto, así que se puede retocar un texto o una forma sin tocar para nada la imagen de base. Cómodo, sí. Pero el concepto que de verdad marca la diferencia al principio es otro, el canal alfa, que es la vía normal para conseguir una transparencia real.
Aquí viene la sorpresa clásica. Si alguien intenta borrar el fondo de una foto guardada en JPEG, el programa no deja un hueco vacío. Lo rellena con un color sólido, y eso suele descolocar la primera vez que pasa. Para lograr transparencia de verdad lo habitual es añadir un canal alfa a la capa desde el panel lateral y luego usar una herramienta de selección para delimitar bien el sujeto, antes de eliminar todo lo demás. Al exportar hay un detalle que conviene tener en la cabeza, solo formatos como el PNG conservan esa transparencia. El JPEG no la admite y devolvería justo el fondo sólido que queríamos quitar.
Nitidez y color sin quemar la imagen
Otro clásico de principiante, subir el contraste al máximo cuando una foto sale movida o borrosa. Parece la solución rápida, pero no lo es. Solo añade ruido digital y quita detalle en lugar de recuperarlo. GIMP trae un filtro de máscara de desenfoque pensado precisamente para eso, realzar los bordes sin ese efecto artificial tan feo. Eso sí, los valores conviene ajustarlos foto a foto, sin aplicar siempre la misma cifra a ciegas, porque cada imagen pide lo suyo.
Fuente
Imagen: softzone.es
