Limpiar la caché de Google Chrome cada cierto tiempo es uno de esos gestos pequeños que marcan una diferencia enorme en el día a día. El navegador guarda en el disco fragmentos de las páginas que visitamos, como imágenes, hojas de estilo o partes del código, con la idea de que todo cargue más rápido cuando volvemos a esos sitios. El problema llega con el tiempo, cuando esa carpeta de archivos temporales crece sin control y termina jugando en contra del propio rendimiento del navegador.
Funciona así. Cada vez que abrimos una página, Google Chrome descarga sus recursos, es decir el código, las imágenes, los estilos, y guarda una copia en el disco. La siguiente vez que entramos en ese mismo sitio, el navegador ya no vuelve a pedir esos datos al servidor y la carga se percibe casi instantánea. Un mecanismo pensado para ahorrar tiempo, siempre que no lo dejemos crecer sin ningún tipo de límite.
Por qué una caché saturada acaba ralentizando el navegador
Con el paso de los meses, esa carpeta de temporales puede llegar a ocupar un espacio nada despreciable en el disco duro del ordenador. Y una caché demasiado llena termina pasando factura, porque el navegador tiene que manejar un volumen mayor de archivos antes de decidir si reutiliza una copia local o pide una versión nueva al servidor.
El efecto se nota todavía más en equipos con pocos recursos o con el almacenamiento casi lleno, donde cualquier lectura y escritura adicional pesa sobre el conjunto del sistema. Además los archivos antiguos conviven con los más recientes en el mismo espacio, así que limpiar la caché de forma periódica ayuda a liberar ese espacio en disco que tanto agradece el equipo.
Errores, botones que no responden y páginas desactualizadas
Hay otra cara del asunto que suele pasar desapercibida. La memoria caché prioriza la velocidad de entrega antes que comprobar si el servidor ha cambiado algo, así que Google Chrome puede seguir mostrando una versión antigua de una web aunque su propietario haya modificado el diseño o el contenido hace poco. Para quien administra una página y quiere revisar los últimos cambios publicados, conviene tener claro que lo que aparece en el navegador podría no coincidir con lo que está realmente en línea en ese momento.
Ese desajuste entre lo que guarda el disco y lo que hay en el servidor se traduce en botones que no responden, diseños que se ven rotos o sesiones que no terminan de iniciarse en plataformas con cookies dinámicas. Borrar la caché y las cookies soluciona buena parte de estos problemas de carga o de formato, así que suele ser el primer paso cuando una página se comporta de forma rara.
Existe además un truco muy conocido entre desarrolladores. Chrome incluye una opción pensada en origen para ellos, aunque cualquiera puede usarla cuando quiere comprobar los cambios de una página sin vaciar toda la caché. Basta con abrir las herramientas de desarrollador pulsando F12, hacer clic derecho sobre el botón de recargar situado junto a la barra de direcciones y elegir la opción Vaciar la caché y volver a cargar de manera forzada en el menú que aparece.
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Imagen: softzone.es
