Una cabeza de mármol de Venus de casi 2.000 años apareció durante unas obras en la playa de la Almadraba, en Alicante, y en apenas unas semanas se ha convertido en el centro de una discusión política que poco tiene que ver con su valor artístico. La pieza, bautizada ya como Venus de Alicante, saltó a los titulares no solo por su antigüedad sino por una imagen difícil de olvidar, la del busto metido dentro de una bolsa de supermercado.
Todo empezó el 11 de mayo. Unos operarios trabajaban en una zanja como parte del proyecto de regeneración de la playa cuando, entre cantos rodados y trozos de botellas, apareció una cabeza de mujer esculpida en mármol. El estudio posterior confirmó que se trataba de parte de una escultura de la diosa Venus, fabricada con material de primerísima calidad hacia los siglos I o II después de Cristo. Días más tarde el Ayuntamiento anunció el descubrimiento a bombo y platillo.
Una pieza de altísima calidad ligada a la antigua Lucentum
Los primeros análisis pintan algo fascinante. La cabeza pesa 14 kilos y mide 22,22 centímetros de alto por 19,78 de ancho, y los expertos la sitúan en el siglo II después de Cristo, en plena época altoimperial. El catedrático de Arqueología José Miguel Noguera, uno de los mayores especialistas del país en escultura romana, realizó la primera revisión y concluyó que el mármol es de una calidad sobresaliente. Podría proceder de las canteras de Paros, en Grecia, o de Carrara, en Italia.
El Ayuntamiento firmó luego un convenio con la Universidad de Murcia para que Noguera estudie a fondo la escultura con ayuda de varios expertos en mármol y policromías. Ya hay un dato llamativo, y es que la Venus de Alicante no era un busto, sino que formaba parte de una figura de cuerpo entero y tamaño natural. Los especialistas sospechan que adornaba la domus de una familia aristocrática que vivía en la antigua Lucentum, el germen romano de la ciudad, o en una villa del Parque de las Naciones.
La bolsa de Mercadona y la disputa entre gobierno y oposición
El problema no es la pieza, cuyo valor nadie discute, sino cómo se manejó. Dos filtraciones han calentado el ambiente. La primera, una disparidad en las fechas, ya que la edil de Cultura habló primero del 20 de mayo mientras los operarios aseguran que fue el 11. La segunda, más grave, es que tras desenterrarla la escultura acabó envuelta en papel de burbujas y dentro de una bolsa de rafia. La denuncia la hizo pública Compromís apoyándose en una foto que muestra exactamente eso.
La concejala Nayma Beldjilali salió a dar explicaciones en el pleno. Negó que el hallazgo fuera fortuito y defendió que se produjo en un ámbito sometido a intervención arqueológica autorizada. Según su versión, al detectar el busto el jefe de obra avisó a los responsables y los trabajos se pararon en el acto. Fue entonces cuando, para protegerla, la cabeza terminó en la bolsa de supermercado. Al día siguiente varios expertos peinaron el entorno para descartar más vestigios, sin suerte, y concluyeron que la cabeza formaba parte de un relleno arqueológicamente descontextualizado. El Ayuntamiento insiste en que actuó con diligencia y previsión. La oposición habla directamente de esperpento.
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Imagen: xataka.com
