El impacto de una etapa superior de un cohete Falcon 9 contra la Luna no fue algo buscado, pero ha encendido una alarma que ni SpaceX ni la NASA quieren ignorar. La colisión, ocurrida sin que hubiera intención alguna detrás, ha servido a la ciencia para observar cómo se distribuyen las partículas liberadas y para poner a prueba los sistemas de detección de seísmos en nuestro satélite. Útil, sí, pero solo mientras allí arriba no viva nadie.
Por qué un choque en la Luna preocupa más de lo que parece
El problema llegará cuando se instalen las primeras bases lunares. Entonces, un episodio como este dejaría de ser una curiosidad científica para convertirse en un peligro real. Por eso SpaceX ya trabaja junto a la NASA para estudiar cómo evitar que algo así vuelva a repetirse.
Conviene aclarar una cosa. No es lo mismo maniobrar en órbita terrestre baja que hacerlo camino de la Luna. SpaceX acumula mucha experiencia desorbitando las etapas superiores de sus cohetes. La mayoría son reutilizables, así que el propulsor inicial regresa a la Tierra para volver a usarse. La etapa superior, en cambio, queda vagando por el espacio una vez que suelta la carga útil. Cuando esto pasa en la órbita terrestre baja, resulta sencillo devolver esas piezas de forma controlada para que ardan al cruzar la atmósfera.
El caso que ahora da tanto que hablar es distinto. Ese cohete llevaba cargas dirigidas a la Luna y se encontraba en una órbita de mucha más energía, imposible de desorbitar con la misma facilidad.
La maniobra que terminó estrellándose contra la Luna
Los cohetes en órbitas Tierra Sol Luna de alta energía pueden acabar convertidos en basura espacial peligrosa cuando quedan a la deriva. Para evitarlo se realizan maniobras que intentan controlar su trayectoria. Y aquí está lo curioso. Fueron precisamente esas maniobras, sumadas a la intensa actividad solar y al tirón de la gravedad lunar, las que llevaron al Falcon 9 directo hacia la Luna. De ahí que SpaceX haya anunciado que busca alternativas junto a la agencia espacial.
Hay un precedente interesante. Cuando el telescopio espacial James Webb se lanzó en 2022, se hicieron los cálculos necesarios para situarlo alrededor del Sol y evitar choques con la Tierra durante al menos un siglo, quizá miles de años. Todavía no se ha detallado el protocolo que seguirán SpaceX y la NASA, pero podría inspirarse en algo parecido.
Y viene mucho más tráfico. SpaceX se ha convertido en el servicio de mensajería del espacio. Cada vez más compañías eligen sus cohetes para lanzar cargas útiles, ya sea a órbita baja o a destinos de mayor energía. Eso significa que dejará muchas etapas superiores ahí arriba en los próximos tiempos. Trabajar en los mejores métodos para desorbitarlas, a la altura que sea, se vuelve fundamental. Con bases habitadas en la Luna, dejar que un cohete impacte contra ella dejará de ser una opción.
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Imagen: xataka.com
