El superyate de Zuckerberg, un coloso de 118 metros llamado Launchpad, terminó envuelto en una historia extraña frente a las costas del sudeste de Alaska, cuando un pequeño barco de 21 pies se quedó sin combustible y pidió auxilio muy cerca de él. La diferencia de tamaño entre las dos embarcaciones ya llamaba la atención por sí sola, pero el motivo por el que este episodio dio tanto que hablar tiene que ver con lo que ocurrió después, y con las versiones que empezaron a chocar entre sí.
Qué pasó realmente aquella noche
Todo arrancó a las 21:32 del 3 agosto, cuando la Guardia Costera recibió por radio VHF la llamada del barco cerca de Point Highland. Se había quedado sin combustible, sin más. Tras revisar la situación, el organismo decidió a las 21:56 que no había peligro real y lanzó una petición de asistencia a otras embarcaciones de la zona. Y aquí conviene fijarse en un detalle que pesará mucho más adelante: nunca se clasificó como una situación de socorro. Simplemente hacía falta una mano.
La respuesta llegó poco más de una hora después. El Wilderness Legacy alcanzó la embarcación a las 22:58 y la remolcó hasta Farragut Bay, donde quedó fondeada de forma segura hacia las 00:50 del 4 agosto. Lo curioso es que los datos de seguimiento situaban al Launchpad más cerca del barco que aquel crucero. El superyate redujo velocidad y se detuvo, mientras el otro seguía su camino para prestar ayuda.
Dos relatos que no terminan de encajar
De ahí saltó la chispa. Michael Love, un pasajero del Wilderness Legacy, contó que a bordo el capitán había explicado que la Guardia Costera contactó con el Launchpad y este no respondió, pese a estar más cerca. Según su versión, entre los pasajeros hubo abucheos. Eso explica por qué el caso se volvió viral, aunque no lo convierte en un hecho probado, porque no existe ninguna grabación pública del tráfico de radio que aclare qué recibió la tripulación y cómo reaccionó.
El entorno del fundador de Meta ofrece otra explicación. Brian Baker, portavoz de Zuckerberg y Priscilla Chan, aseguró que ni ellos ni su familia estaban a bordo del Launchpad y que la tripulación operaba en otro canal de radio. Cuando revisaron el mensaje de la Guardia Costera, dijo, la asistencia ya estaba en marcha. El canal 16 es la frecuencia internacional de socorro, aunque eso por sí solo no demuestra que el yate ignorara el aviso a propósito.
Hay además un matiz legal que cambia toda la lectura. Como la Guardia Costera había determinado que el barco necesitaba asistencia pero no corría peligro, los especialistas en derecho marítimo explican que la tripulación del Launchpad no estaba jurídicamente obligada a intervenir como lo habría estado ante personas en riesgo. Otra cosa es discutir si cabía esperar que echara una mano.
Y ahí se queda el asunto. No se sabe con certeza qué comunicación recibió la tripulación ni si hubo una negativa consciente, porque nadie ha publicado ninguna grabación que lo confirme. Lo único claro es que otra embarcación terminó ayudando.
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Imagen: xataka.com
