AirTag oculto revela el destino secreto de miles de libros: acaban en Amazon

Libreros usan un AirTag para rastrear pedidos sospechosos y descubren que sus libros raros acaban alimentando la IA de Amazon en Las Vegas.

by Tecnoandroid
AirTag oculto revela el destino secreto de miles de libros: acaban en Amazon - AirTag libros Amazon

Vender libros antiguos y ver cómo, de repente, aparecen pedidos enormes suele parecer una buena señal. Pero cuando alguien decidió esconder un AirTag dentro de un cargamento de libros raros, el viaje que siguió terminó destapando algo bastante menos romántico: esos ejemplares acababan en una nave de Amazon dedicada a alimentar sus sistemas de inteligencia artificial. La historia arranca con varios libreros que, durante el último año, empezaron a notar algo extraño en sus ventas.

Los pedidos no cuadraban. Reunían títulos sin conexión aparente, alcanzaban volúmenes enormes y los compradores no parecían mirar demasiado el precio. Nada de esto encaja con el lector tradicional. Las sospechas apuntaron hacia un perfil muy distinto: compañías de IA a la caza de textos nuevos para entrenar sus modelos. En luglio, uno de esos vendedores recibió a través de Biblio un pedido de unos 1.000 libros, pero el marketplace no dejaba saber quién había detrás. Ahí surgió la idea del rastreo con AirTag: el librero escondió el localizador de Apple dentro de un ejemplar y despachó el paquete. A partir de ese momento solo tocaba mirar el mapa.

Un viaje de miles de kilómetros hasta Las Vegas

El punto empezó a moverse. El cargamento salió de un aeropuerto de California, reapareció cerca del Milwaukee Mitchell International Airport, en Wisconsin, y pasó por un almacén de la logística Trifinity cerca de Kenosha, donde estuvo unas dos semanas. Luego arrancó hacia el oeste, aparentemente por carretera: apareció cerca de Colorado Springs, después en una parada de camioneros de Grand Junction y, al día siguiente, llegó a Las Vegas. Destino final: LAS8, un almacén de Amazon.

Pero el punto exacto era más concreto todavía. En el extremo norte de LAS8 funciona una operación conocida internamente como VGT3, cuyo emblema es un tiranosaurio sujetando un libro abierto. Los trabajadores describen una tarea muy definida: reciben los libros, registran sus códigos de barras o ISBN y los preparan para digitalizarlos. Parte del proceso pasa por retirar o cortar la encuadernación para escanear las páginas más rápido. El contenido se queda en formato digital. El ejemplar físico, en cambio, acaba destruido.

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Por qué a la IA le interesan esos libros viejos

Amazon no aclaró qué modelos reciben esos textos tras el escaneado. La compañía se limitó a decir que compra libros por canales comerciales para ayudar a desarrollar y mejorar sus productos y servicios. Se sabe que trabaja en modelos propios como la familia Nova, aunque no que estos ejemplares concretos terminen ahí. Lo que sí explica el interés es el material en sí: muchos volúmenes contienen texto humano que no circula fácilmente por Internet y, si se publicaron antes del auge de la IA generativa, preceden a la avalancha actual de contenido sintético.

Todo esto encaja con algo ya visto en el caso de Anthropic. Durante el llamado Project Panama, la empresa compró millones de libros impresos y los convirtió en copias digitales con un proceso destructivo idéntico: quitar la encuadernación, cortar las páginas, escanear y tirar el original. Un juez consideró fair use esa conversión uno a uno de ejemplares comprados legalmente. No dijo lo mismo, en cambio, de los millones de libros descargados de bibliotecas ilegales.

El recorrido del AirTag deja una paradoja curiosa. Algunos de esos ejemplares eran raros por tener pocas copias, tiradas cortas o estar escritos en idiomas poco extendidos, con un valor histórico, intelectual o sentimental además del económico. En una operación como esta, sin embargo, lo que importa está en otro lado: en el texto que guardan dentro. Lo que empezaba como una buena noticia para quien vende libros termina revelando otra cosa, que también se compran para convertir sus palabras en datos.

Fuente
Imagen: xataka.com

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