Lady Elliot Island: un piloto convirtió un desierto de coral en paraíso

La increíble historia de Don Adams, el aviador que convirtió un desierto de coral en un exuberante santuario natural.

by Tecnoandroid
Lady Elliot Island: un piloto convirtió un desierto de coral en paraíso

Lo que hoy es Lady Elliot Island, un pedazo verde y lleno de vida en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral, no tiene nada que ver con lo que encontró Don Adams cuando llegó allí a finales de los años sesenta. En aquel momento la isla era casi un desierto de coral. La extracción de guano se había llevado buena parte del suelo fértil y prácticamente toda la vegetación, y para colmo unas cabras introducidas años atrás impedían que cualquier planta volviera a echar raíces. Adams, sin embargo, vio una oportunidad donde otros solo veían tierra estéril.

Todo arrancó, curiosamente, con uno de los fertilizantes más buscados de su época. Durante siglos las aves marinas habían dejado enormes cantidades de excrementos, un material riquísimo en nutrientes que en el siglo XIX se convirtió en un valioso guano. La explotación empezó en 1863 y durante los años siguientes los trabajadores retiraron cerca de un metro de suelo y eliminaron casi todos los árboles. Cuando la minería terminó en 1874, se había roto el mecanismo natural que mantenía vivo aquel pequeño cayo. Menos vegetación significaba menos aves, menos guano nuevo y todavía menos nutrientes.

El piloto que decidió devolver la vida a un pedazo de coral

Don Adams era aviador y, además de un paisaje degradado, vio en Lady Elliot posibilidades turísticas. En 1969 obtuvo una concesión del Gobierno australiano, construyó una pista de aterrizaje sobre el coral y levantó alojamientos básicos para recibir a los primeros visitantes. Pero al mismo tiempo se propuso algo mucho más ambicioso, devolver la vegetación a la isla. El problema era elemental. Apenas había suelo fértil y faltaba agua dulce, así que Adams cargaba su avión con bidones de unos 18 litros y los transportaba hasta allí para regar personalmente las primeras plantaciones.

Él y su familia introdujeron miles de plantas y árboles, entre ellos casuarinas y pandanus, especies capaces de aguantar las duras condiciones del cayo. El proceso fue lento, pero la vegetación empezó a estabilizar el terreno y las aves marinas regresaron para descansar y reproducirse. Con ellas volvió también el guano, que se mezclaba con la materia vegetal y penetraba en el poroso subsuelo coralino, reconstruyendo el ciclo ecológico que la minería había interrumpido un siglo antes.

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Un experimento de turismo sostenible medio siglo después

La recuperación no se detuvo con Adams, que vendió su concesión en 1977. Tras varios gestores, Peter Gash, su familia y algunos socios consiguieron el alquiler en 2005. Partiendo de aquel trabajo iniciado décadas antes, intensificaron la restauración, eliminaron especies invasoras y plantaron más de 10.000 ejemplares de especies autóctonas. Aquella extensión de coral desnudo terminó cubierta por árboles y arbustos donde anidan aves, mientras los pandanus estabilizan las zonas donde las tortugas verdes y bobas ponen sus huevos.

Y los árboles acabaron ayudando también al arrecife. Las aves atraídas por la nueva vegetación depositan guano rico en nitrógeno y fósforo, y esos nutrientes atraviesan lentamente el terreno poroso hasta llegar al océano en pequeñas concentraciones que benefician a los corales cercanos. Hoy Lady Elliot alberga una diversidad extraordinaria de aves y sus aguas protegidas reciben tortugas, tiburones de arrecife y cientos de especies de peces, además de una población de mantarrayas que puede alcanzar unos 700 ejemplares durante los meses de invierno.

Ahora la isla funciona también como un ejemplo de turismo sostenible. Más de 900 paneles solares abastecen el complejo, una desalinizadora proporciona agua, las aguas residuales se reutilizan para regar y los restos de comida se convierten en compost. En 2018 fue elegida como primer enclave de una iniciativa pensada para convertir determinadas islas de la Gran Barrera de Coral en refugios frente al cambio climático. Don Adams no reconstruyó él solo todo este ecosistema, pero sí fue quien puso en marcha algo extraordinario en 1969, cuando aterrizó en una isla devastada con árboles y bidones de agua y arrancó un proceso que, más de 50 años después, ha vuelto aquel coral desnudo prácticamente irreconocible.

Fuente
Imagen: xataka.com

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