Los sensores de móvil son el terreno donde Sony lleva años mandando sin apenas rivales serios, pero algo acaba de cambiar. La compañía japonesa ha decidido que ya no quiere jugar en solitario y ha sellado un acuerdo con la taiwanesa TSMC para crear una empresa conjunta dedicada a desarrollar y fabricar los captadores de nueva generación. El nombre elegido es Advanced Vision Semiconductor Manufacturing Corporation, y entre las dos van a poner sobre la mesa unos 4.400 millones de euros.
Hasta ahora los nipones se encargaban prácticamente de todo, desde el diseño hasta la producción de sus tecnologías más importantes. Aunque, siendo justos, ya subcontrataban a TSMC la parte lógica de procesamiento, así que estrechar lazos con el mayor fabricante de semiconductores del planeta es solo un paso lógico en esa dirección. Los números hablan claro sobre el peso de Sony: en el segundo trimestre del año pasado se llevó más de un 51% de cuota por ingresos en sensores de imagen para smartphones, por delante de Samsung System LSI o la china OMNIVISION. Buena parte de ese mérito la tienen la familia IMX y la submarca Lytia, presentes en los principales móviles del mercado.
Por qué Sony ya no quiere ir sola
La clave está en que estos componentes son cada vez más endiablados de fabricar. Los captadores modernos son sensores apilados, con una capa que recoge la luz montada sobre otra que procesa la información. Al ganar complejidad y exigir más miniaturización, hacen falta procesos de fabricación mucho más avanzados. Ahí es donde entra TSMC, que produce los chips más punteros que existen. El reparto de papeles queda evidente: Sony pone el diseño de la arquitectura, los píxeles y la planificación del producto, y TSMC aporta su tecnología de proceso y su enorme capacidad industrial.
También pesa el dinero. Meterse en solitario en la miniaturización de esa capa lógica se había vuelto una carga demasiado pesada, y el negocio de semiconductores de la japonesa venía rindiendo por debajo de sus propios objetivos en retorno sobre el capital. Ahora el riesgo y la inversión se reparten entre dos. Sony será el accionista de control con cerca del 60% del capital y aportará unos 2.740 millones de euros, mientras TSMC se queda como socio minoritario con alrededor del 40%. La producción arrancará en 2029.
Kumamoto, Apple y algo más que teléfonos
El escenario elegido no es casualidad. Las líneas de desarrollo y producción irán a la fábrica que Sony ha levantado hace poco en la ciudad de Koshi, en la prefectura de Kumamoto, convertida en el gran polo de semiconductores de Japón gracias en buena medida a la propia TSMC, que en 2021 abrió allí su planta JASM. El Gobierno japonés lleva años regando de subvenciones esta industria, y ambas compañías dan por hecho que parte de la inversión llegará con apoyo público.
Detrás hay también una jugada defensiva. Samsung y OMNIVISION llevan tiempo apretando, y mantener el liderazgo obliga a seguir dando saltos técnicos. La nueva sociedad está pensada además para suministrar sensores de alto rendimiento a los iPhone de Apple, así que sirve para blindar un contrato muy jugoso. Y mirando más lejos, Sony y TSMC no solo piensan en cámaras de móvil. A largo plazo quieren mejorar los sensores para el reconocimiento de objetos con inteligencia artificial, con la vista puesta en la llamada IA física, esa que necesitan robots y vehículos para ver y entender su entorno en tiempo real.
Fuente
Imagen: xataka.com
