Los expertos llevaban años avisando de que los megaincendios en los Pirineos dejarían de ser una hipótesis para volverse realidad, y Aragón acaba de comprobar en carne propia hasta qué punto tenían razón. Durante mucho tiempo la pregunta parecía casi absurda: por qué no arde el Pirineo. Y los Alpes. Por qué zonas enteras de Europa Central y del norte, llenas de combustible y abandonadas, no acababan devoradas por las llamas como sucedía en otros lugares. En 2021, Víctor Resco de Dios, catedrático de ingeniería forestal de la Universidad de Lleida, junto a su equipo, logró dar con la respuesta que llevaba años persiguiéndolos.
Pusieron números, calcularon fechas y dibujaron los mapas de lo que ellos mismos llamaron la muerte del colchón de seguridad que protegía a los montes. Nadie les prestó demasiada atención entonces. Ahora, con las imágenes de las 20.000 hectáreas del incendio de Peña de Riscos todavía frescas, toca reconocer que iban bien encaminados.
Qué descubrieron aquellos científicos
En julio de 2021 el equipo publicó en Science of the Total Environment un estudio muy detallado sobre lo que realmente ocurría en los pinares del norte de Cataluña. Midieron la humedad del combustible en numerosas parcelas de pinar a distintas alturas y lo compararon con el histórico de superficies quemadas entre 2006 y 2020.
Así dieron con un factor poco conocido, el déficit de presión de vapor, o VPD. Este índice mide básicamente la sed que tiene el aire, es decir, la diferencia entre el máximo de humedad que podría contener según su temperatura y la que realmente tiene. Descubrieron que el umbral a partir del cual el monte empieza a arder está en 3,6 kilopascales, mientras que el máximo observado hasta entonces en las montañas pirenaicas era de 3,1. Los Pirineos tenían, sí, un colchón de seguridad. Lo que nadie sabía era cuánto iba a durar.
Cinco años. Eso duró. El lunes 17 de agosto de 2026, la previsión de la AEMET para la zona de Las Peñas de Riglos apuntaba a unos 33 grados y una humedad relativa del 20 %. Un VPD de 4,02.
Cuando acertar no sirve de nada
Conviene aclarar algo rápido: un VPD así no implica que vaya a haber incendios. El índice marca la disponibilidad del material, porque el combustible se hace disponible a partir de ese umbral, pero sin chispa no hay fuego. La chispa salió, presuntamente, de una obra en la A-132. Aunque eso es lo de menos. Lo verdaderamente relevante es que el cambio climático nos ha hecho cruzar una línea que obliga a replantear todo lo que veníamos haciendo para gestionar los montes de la cordillera.
Ya antes de publicar el trabajo, los expertos temían que unas 300.000 hectáreas de montes prepirenaicos terminaran ardiendo. Los Pirineos se pueden quemar enteros, advertía Marc Castellnou, jefe del Grup d’Actuacions Forestals de los Bombers de Catalunya. Resco de Dios, por su parte, explicó el mecanismo y pidió un paquete de medidas. Las 20.000 hectáreas de Peña de Riscos confirman sus estimaciones.
Y falta todo lo demás. Pese a que acertaron, hoy no hay consecuencias en política pública. No existe cartografía pública de zonas inflamables por umbral de VPD, ni sistema de alerta a 72 horas, ni objetivo de hectáreas tratadas al año. Lo único que queda es la impotencia de los efectivos que tienen que enfrentarse a incendios cada vez más grandes.
Como decía Castellnou en 2023, no nos creemos que estamos en emergencia nacional porque todavía no vemos el humo. Ahora sí lo vemos. Falta comprobar si seguiremos sin creer la magnitud del problema.
Fuente
Imagen: xataka.com
