El submarino nuclear ruso Perm promete algo que hasta ahora ningún otro había logrado convertir en rutina: llevar misiles hipersónicos Zircon como parte de su configuración de fábrica. Rusia lo presenta como un salto importante, aunque conviene tomarlo con cierta distancia. No hablamos de una demostración de que sea intocable, sino de una incorporación que Moscú describe como significativa y que ha llamado la atención por un motivo bastante claro. Si se cumple lo prometido, este Yasen-M no será uno más de la flota.
Por ahora la llegada del Perm tiene un horizonte, pero no una fecha marcada en rojo en el calendario. La Armada rusa asegura que recibirá más de 20 buques, embarcaciones y lanchas antes de que termine el 2026, y su comandante en jefe, Aleksandr Moiséyev, ha situado al submarino dentro de ese paquete. El mismo mando ya había adelantado meses atrás que las pruebas del Perm debían cerrarse durante este año y que el buque reforzaría las fuerzas submarinas del Pacífico.
El salto de este submarino nuclear está en el Zircon
Para entender bien el alcance del anuncio conviene colocar primero al Perm en su sitio. No es un submarino estratégico pensado para lanzar misiles balísticos intercontinentales, sino una unidad nuclear multipropósito de la familia Yasen, la línea rusa diseñada para combinar sigilo, guerra antisubmarina, ataque contra buques y lanzamiento de misiles de crucero. Se trata de un submarino de cuarta generación, el sexto buque de los proyectos 885/885M, construidos por Sevmash.
El Zircon ya había aparecido antes en pruebas navales, incluidas algunas realizadas desde el submarino Severodvinsk, pero el caso del Perm apunta a otra cosa. Lo que sostienen las fuentes rusas es que este Yasen-M nace preparado para llevar esos misiles hipersónicos como parte de su configuración habitual. La idea que se repite es la misma: el Perm sería el primer submarino nuclear que integra el Zircon como característica de serie.
Y aquí está la parte más delicada del asunto. El Zircon es un misil de crucero hipersónico, y en teoría una velocidad muy alta reduce el tiempo de reacción de las defensas y complica la interceptación, sobre todo si el disparo llega desde un submarino que no siempre resulta fácil de localizar. Ya se habían documentado pruebas rusas de este misil, así que la integración naval no aparece de la nada. Aun así, conviene medir la amenaza con cuidado, porque las prestaciones que anuncia Moscú no equivalen de forma automática a una eficacia garantizada.
Qué se sabe realmente de sus misiones
Sobre las misiones concretas, lo comprobable es mucho más estrecho que la promesa tecnológica. La Armada rusa ha dicho que el Perm se sumará a las fuerzas submarinas de la Flota del Pacífico y que deberá completar sus pruebas durante el 2026, pero no ha detallado despliegues, rutas ni cometidos específicos. Lo que sí puede explicarse, apoyándose en el análisis occidental sobre los Yasen-M, es el tipo de utilidad que busca una unidad así: acercar a Rusia una capacidad de ataque de largo alcance contra buques y objetivos terrestres desde posiciones difíciles de anticipar. Más allá de eso, todo entra en terreno especulativo.
El Perm encaja, por tanto, dentro de una modernización submarina más amplia. Rusia no solo está reforzando sus submarinos estratégicos Borei-A, ligados a la disuasión nuclear, sino también sus Yasen-M, que juegan en la categoría del ataque multipropósito. Esa distinción ayuda a leer mejor la noticia. Este buque no cambia por sí solo el equilibrio naval ni convierte al Zircon en una solución infalible, pero marca una dirección clara. La Armada rusa quiere que parte de su fuerza submarina combine sigilo, alcance y capacidad de presión desde el mar.
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Imagen: xataka.com
