El centro de datos de Blackstone en Aragón vuelve a poner sobre la mesa un debate incómodo, porque la comunidad acaba de decidir que uno de sus grandes proyectos tecnológicos no pasará por los análisis ambientales habituales. Y eso, como era de esperar, ha encendido los ánimos. Aragón se ha convertido en algo parecido a lo que representa Virginia en Estados Unidos, es decir, el gran punto de concentración de estas instalaciones. Su ventaja energética y la rapidez del Gobierno regional a la hora de tramitar permisos la han colocado en el mapa. Pero esa misma velocidad es la que ahora genera dudas.
Qué hay detrás del Campus Rhodes en Calatorao
Aunque la inversión de Amazon es la más llamativa de la región, con 33.700 millones destinados a levantar su infraestructura, Blackstone no se queda demasiado atrás. El gigante estadounidense tiene preparados 11.800 millones de euros para el Campus Rhodes, un complejo de hasta ocho centros de datos con 650 MW de capacidad ubicado en Calatorao, Zaragoza. La cifra inicial, anunciada en 2024, era de 7.500 millones, pero la apuesta se ha reforzado con el paso de los meses.
En octubre de 2024, el Gobierno de Aragón declaró el proyecto de interés autonómico, abriendo la tramitación del PIGA, el Plan de Interés General de Aragón. Hasta ahí, todo dentro de lo previsto. La sorpresa llegó con el INAGA, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, que resolvió que el proyecto no tendría que someterse a una evaluación ambiental estratégica ordinaria, sino a una simplificada. La diferencia no es menor. Una evaluación ambiental completa lleva alrededor de un año e incluye un análisis detallado del impacto. La versión simplificada solo pide rellenar un documento sencillo que se resuelve en apenas tres meses.
Las dudas ambientales y sociales que rodean el proyecto
El INAGA considera que el impacto sobre la vegetación y la fauna es reducido, en parte porque casi todos los trazados eléctricos van bajo tierra. Buena parte de la crítica se ha centrado en el cernícalo primilla, un ave incluida en un Plan de Conservación. Según el instituto, no correría peligro. Reconocen que habrá una reducción de su hábitat, pero apuntan a la instalación de balizas salvapájaros y a que los trabajos ruidosos, como el movimiento de tierras, deben concentrarse entre el 15 de julio y el 15 de febrero, cuando la especie no se reproduce.
Frente al entusiasmo de promotores y políticos están los críticos. Desde Ecologistas en Acción, Carlos López lo resume así. “Esta gente funciona así. Creemos que están tratando de acelerar al máximo la construcción porque ven que la oposición es cada vez mayor”. Se señala además que el uso del PIGA está sirviendo para expropiar suelos privados, algo que ha generado fricciones con los vecinos.
En el terreno más práctico, los números impresionan. Solo los centros de datos de Amazon consumirán unos 10.800 GWh, una cifra que supera lo que toda la comunidad gastó en 2024. Para evitar apagones, cada empresa instalará sus propios escudos energéticos. En el caso de Amazon, una planta fotovoltaica de 95.000 kW con baterías y generadores de reserva.
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Imagen: xataka.com
