Hablar de Samsung Electronics significa hablar de la columna vertebral de la tecnología que usamos cada día. La multinacional surcoreana no es solo una marca de móviles, sino un conglomerado enorme que mete la mano en casi todo lo que lleve un circuito dentro, desde la pantalla del salón hasta los chips que hacen funcionar los servidores en la nube. Un imperio silencioso, que muchas veces está presente aunque el usuario ni lo sepa.
Su historia arranca en 1969 y desde entonces ha sabido mover bien sus cartas. Pasó de fabricar electrodomésticos sencillos a convertirse en una potencia económica mundial, con una capacidad de adaptación que sorprende. Su valor de marca ha crecido apoyándose en la innovación constante y en una inversión brutal en marketing y publicidad.
El terreno de los móviles y las pantallas
En telefonía, la pelea con Apple por el trono no acaba nunca. Pese a los altibajos en el volumen de envíos, Samsung sigue siendo uno de los líderes absolutos, con una cuota que suele superar el 20%. Su joya sigue siendo la familia Galaxy S, aunque últimamente ha apostado fuerte por los plegables como Galaxy Z Fold y Z Flip, que buscan cambiar la forma de usar el teléfono. Y luego está Galaxy AI, la gran apuesta actual, con inteligencia artificial integrada para hacer más fluidas las tareas del día a día. Algunas funciones llegan gratis, aunque se prevé que herramientas premium aparezcan más adelante. En tablets, la serie Galaxy Tab planta cara al iPad como la alternativa más potente dentro de Android.
Donde poca gente lo nota es en las pantallas. Desde 2008 la firma no ha soltado el primer puesto como fabricante de televisores más grande del planeta, dominando con tecnologías como QLED y MicroLED. Casi un tercio de los televisores vendidos en el mundo llevan su sello. Y bajando al nivel de componentes, los semiconductores y las memorias flash NAND cuentan otra historia parecida, con más del 30% del mercado bajo su control, compitiendo mano a mano con Intel.
Ecosistema, cifras y polémicas
La estrategia pasa por que todo se comunique entre sí. Con SmartThings, Samsung quiere que la nevera, la lavadora Bespoke AI y el teléfono trabajen coordinados para ahorrar energía. Esa visión de «AI for All» se extiende a los electrodomésticos, con productos adaptados a mercados como el indio. Suma a eso el liderazgo en el despliegue del 5G, el trabajo ya iniciado en el 6G, la expansión hacia la salud con el Galaxy Ring y los nuevos Galaxy Watch, y una apuesta por materiales reciclados.
En lo financiero, los números hablan de cientos de miles de millones de wones en ingresos anuales. Pero no todo ha sido fácil. Ha recibido multas millonarias en EE. UU. y la Unión Europea por fijación de precios en el sector de los chips, y ha lidiado con críticas por las condiciones laborales en algunas plantas de Brasil. También aparece el tema de la obsolescencia programada, con asociaciones que denuncian vida útil corta y reparaciones caras. En México tuvo un episodio complicado con el bloqueo de dispositivos del «mercado gris», medida que acabó retirando tras la presión de las autoridades de consumo.
El sector se mueve hoy en cifras cercanas al billón de dólares y sigue creciendo por la urbanización y el aumento de la renta disponible. Apoyada en su I+D y en su liderazgo en on-device AI, Samsung se mantiene como la marca asiática más influyente del top 5 mundial.
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Imagen: androidayuda.com
