Barcos dron de la Royal Navy espiaban a China… sin saberlo

Cámaras chinas ocultas en drones navales británicos enviaban señales a una IP en China, desatando alarma en seguridad de la Royal Navy.

by Tecnoandroid
Barcos dron de la Royal Navy espiaban a China... sin saberlo - barcos dron Royal Navy

Los barcos dron de la Royal Navy debían representar un salto tecnológico en las capacidades marítimas británicas, pero una revisión rutinaria de seguridad terminó por revelar algo inesperado dentro de sus sistemas. Las cámaras montadas a bordo escondían componentes fabricados en China y, lo que es más llamativo, enviaban señales automáticas hacia una dirección IP localizada en ese mismo país. Un detalle que, en el contexto de la defensa, nunca es solo un detalle.

Cuando hablamos de un sistema militar, la atención suele ir al vehículo, al armamento o a los sensores. Mucho menos visible es lo que hay detrás. Proveedores, subcontratistas y piezas que pueden haber pasado por varios países antes de acabar integradas en una plataforma. En una industria electrónica tan globalizada, seguir ese rastro importa tanto como conocer las prestaciones del equipo.

Qué encontró la revisión en los K3 Scout

Todo arrancó con los K3 Scout de la Royal Navy. Tras sumar una flota de 20 embarcaciones no tripuladas, una evaluación de vulnerabilidades cibernéticas detectó el problema en uno de sus subsistemas. Las cámaras contenían piezas hechas en China y emitían comunicaciones de tipo heartbeat hacia una IP en ese territorio. El Ministerio de Defensa británico confirmó después el hallazgo, aunque marcó un límite claro. Su investigación no halló pruebas de que datos o sistemas del departamento hubieran sido accedidos, comprometidos o transmitidos al exterior.

La mecánica del asunto es sencilla. Tras detectar esas comunicaciones, el Ministerio de Defensa retiró la conectividad a Internet de las cámaras. Se recogieron además inquietudes por la posible exposición de personal del Special Boat Service y por la presencia de estos sistemas cerca de reuniones sensibles de fuerzas especiales. Kraken, la empresa detrás de las embarcaciones, asegura que las cámaras venían de un tercero que había ofrecido garantías de seguridad. Tras una auditoría conjunta con la Royal Navy, las posibles vulnerabilidades fueron identificadas y cerradas.

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Un dron que navega, no vuela

Estamos ante una embarcación de superficie no tripulada diseñada por la británica Kraken Technology Group. Mide 8,4 metros de eslora, alcanza hasta 55 nudos, transporta unos 600 kg de carga útil y puede permanecer desplegada hasta 30 días, según la misión. La Royal Navy compró 20 unidades por 12,3 millones de libras dentro de Project Beehive, una iniciativa que funciona como banco de pruebas para su futura Hybrid Navy. Los nuevos vehículos quedaron destinados al Coastal Forces Squadron y a 47 Commando Royal Marines.

Sirven para vigilancia, protección de fuerzas y ataques de precisión, y Kraken añade la logística entre sus perfiles de misión. El Gobierno británico incluyó además estas embarcaciones autónomas de alta velocidad entre las capacidades previstas para una futura misión multinacional destinada a proteger la navegación en el estrecho de Ormuz.

¿Y qué salía exactamente de esas cámaras? Las comunicaciones detectadas eran heartbeat o squark, señales automáticas que pueden indicar que un dispositivo está encendido y funcionando bien, aunque técnicamente también podrían transportar datos como la ubicación. Conviene no ir más allá de lo comprobado. No hay evidencias de que se enviaran coordenadas, imágenes, audio ni planes operativos. Ninguna fuente identifica quién controlaba la IP receptora ni la vincula con el Gobierno chino.

El caso destapa un problema más amplio. China ocupa una posición central en numerosas cadenas mundiales de electrónica y fabricación avanzada. La OCDE la sitúa a la cabeza en segmentos de semiconductores como los chips de potencia, los analógicos y la lógica madura, aunque otros eslabones estén dominados por Taiwán, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón o países europeos. Ese peso hace muy difícil excluir por completo cualquier vínculo con su industria.

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La relación entre Londres y Pekín tampoco es la de dos adversarios declarados. China sigue siendo un socio comercial de enorme peso para Reino Unido, mientras la revisión estratégica de defensa británica la describe como un desafío sofisticado y persistente en materia de seguridad. Por eso la preocupación no pasa por descartar de forma automática cualquier pieza fabricada allí, sino por saber qué componentes llegan a sistemas sensibles y qué riesgos pueden introducir. Reino Unido y la OTAN han avanzado precisamente en esa dirección, buscando diversificar sus cadenas de suministro y reducir dependencias problemáticas dentro de sus capacidades de defensa.

Fuente
Imagen: xataka.com

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