La nueva tecnología de vigilancia que se está instalando junto a los lectores de matrículas no necesita conocer el nombre de nadie para seguirle el rastro. La idea es sencilla y a la vez inquietante: al lado de la cámara que fotografía cada coche hay ahora sensores que captan las señales de los dispositivos electrónicos que viajan dentro del vehículo, sin distinguir de quién son. Detrás de todo esto está SignalTrace, desarrollada por la empresa de seguridad Leonardo justamente para trabajar codo con codo con los lectores automáticos de matrículas.
Reconocer sin poner nombre
El sistema no se limita a leer la placa del coche. Recoge señales que los dispositivos emiten de forma pública, como el Bluetooth o las etiquetas de radiofrecuencia, y las asocia con el vehículo, la hora y el lugar donde aparecen. Según su propia ficha, la tecnología “no identifica personas” y solo recopila firmas electrónicas ya lanzadas al aire.
Leonardo insiste en que cualquier resultado debe corroborarse después con métodos de investigación tradicionales antes de tomarse como una pista sólida. Por ahora se ha instalado en lugares como Oxon Hill, en Maryland, y una versión anterior aparece en un contrato oficial del estado de Nueva York. Todavía no es una práctica policial extendida.
Un nombre no hace falta para ser identificable
La definición de dato personal que maneja el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos no se queda en el nombre propio: basta con que la información permita distinguir o seguir a una persona a lo largo del tiempo. Un estudio publicado en Scientific Reports analizó quince meses de registros de un millón y medio de personas y descubrió que cuatro puntos de ubicación y hora bastaban para identificar al 95 % de ellas.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ya reconoció en el caso Carpenter contra Estados Unidos que existe una expectativa razonable de privacidad sobre el registro de nuestros movimientos. En junio de 2026, el fallo del caso Chatrie contra Estados Unidos fue más allá: los jueces determinaron que obtener datos de ubicación constituye una búsqueda protegida por la Cuarta Enmienda, después de que la policía usara registros anonimizados de móviles cercanos a un banco para acabar identificando a varios sospechosos por sus movimientos.
Otro estudio, este en la revista PNAS, siguió a 94 personas con móviles que registraban su proximidad por Bluetooth. Bastaba con analizar esos datos para clasificar correctamente el 95 % de las amistades declaradas. La cercanía repetida, fuera del trabajo y en horas libres, era la pista más reveladora. El fallo de Chatrie se refería a registros de operadoras telefónicas, no a señales inalámbricas captadas al paso por la calle, así que no está claro si SignalTrace entra en el mismo paraguas legal.
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Imagen: xatakamovil.com
