Un empleado de Samsung puede dejarlo todo durante un año entero para perseguir su propia idea
Dentro de Samsung existe una fórmula curiosa para dejar de lado el trabajo habitual sin renunciar al sueldo. No es una baja ni un permiso especial, sino un programa interno que ya lleva más de una década funcionando y que cada año aparta a un grupo reducido de trabajadores de sus tareas para que dediquen doce meses completos a una idea propia. Muchas veces esa idea no tiene nada que ver con lo que hacían hasta entonces.
El programa se llama C-Lab, y no es la primera vez que la cultura interna de la firma da que hablar. Ya en los años noventa la compañía demostró hasta dónde estaba dispuesta a llegar por la calidad de sus productos. La mecánica, contada así, suena sencilla. Cualquier empleado, ya sea programador, diseñador o alguien de un departamento que nada tiene que ver con la tecnología, puede presentar su propuesta a través de una plataforma interna llamada MOSAIC. No hace falta que el proyecto esté ligado al negocio de la compañía. El único filtro real es que resulte original.
Cómo se decide qué proyectos avanzan
Después de la presentación inicial, las ideas pasan por una votación entre los propios compañeros de Samsung, que eligen cuáles vale la pena empujar más allá. Las que superan esa fase llegan a una revisión de expertos y, al final, a una presentación ante una audiencia que actúa como si fuera un grupo de inversores. De los cientos de candidaturas que se presentan en cada convocatoria, la empresa selecciona apenas algo más de una treintena al año.
Quienes ven aprobado su proyecto quedan liberados de sus responsabilidades habituales durante los doce meses siguientes, con el único objetivo de convertir esa idea en algo real. Según explicó el portavoz Jun Kim, los proyectos elegidos tienen un año para el desarrollo y la materialización de su idea, con horarios y espacios flexibles y la posibilidad de elegir con quién trabajar dentro de la empresa.
Qué pasa cuando termina el plazo
Pasado ese año llega una bifurcación. Si el proyecto tiene relación directa con alguna de las divisiones de la compañía, como móviles, televisores o electrodomésticos, el desarrollo se transfiere a esa área para seguir creciendo dentro de la estructura interna. Si en cambio se trata de una idea con más recorrido fuera, entra en la política de C-Lab Spin-Off. Samsung aporta un fondo de capital semilla y asesoría de negocio, y el empleado sale a montar su propia empresa. Quienes toman ese camino conservan la posibilidad de volver a la compañía en los tres años siguientes si la cosa no cuaja.
El caso de Park Min Suk resume bien el recorrido completo. Presentó su propuesta entre 600 candidaturas y fue una de las seleccionadas. Se trataba de un escáner con tecnología IoT pensado para detectar problemas del cuero cabelludo, con cámara y sensores de humedad y temperatura incorporados. Tras el año de apoyo de Samsung, sumó a otros cuatro compañeros al equipo y consiguió inversión externa para crear su propia marca, WithBecon.
Samsung no reserva esta apuesta por las ideas propias solo a su plantilla. Hace poco, Jay H. Kim, presidente de Samsung Electronics Iberia, explicaba en España su intención de que los jóvenes puedan imaginar soluciones a los retos de su generación, una filosofía que no anda tan lejos de lo que ocurre puertas adentro con C-Lab. La diferencia es que aquí quien presenta la idea ya lleva tiempo dentro de la empresa, y lo que se juega no es una beca ni un concurso, sino un año entero de su carrera profesional.
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Imagen: xatakamovil.com
