Los cables submarinos se han convertido en algo más que simples infraestructuras tecnológicas. Hoy son un asunto geopolítico de primer orden, objeto de espionaje, vigilancia constante y disputas que cruzan medio mundo. Por ellos pasa el 99% de las telecomunicaciones globales, así que no es exagerado decir que sostienen buena parte de la economía y de la vida social tal y como la conocemos.
España ocupa un lugar privilegiado en este tablero. Por nuestras aguas circulan algunos de los cables submarinos más importantes del planeta, incluido el descomunal 2Africa. Protegerlos no es tarea fácil, y basta mirar lo que ocurre en Taiwán o en el Estrecho de Ormuz para entender por qué la vigilancia se ha vuelto una prioridad absoluta en cualquier parte del mundo.
Quién se encarga de proteger esta red en España
Detrás de esta labor hay un trabajo coordinado entre varios organismos. El Ministerio de Defensa, con la Armada Española como brazo principal, trabaja codo con codo con el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas y con la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, entre otros.
La cooperación europea también pesa, y mucho. España participa de forma activa en el Plan de Acción de la UE sobre Seguridad de Cables, una iniciativa que impulsa financiación y herramientas para reforzar la resiliencia frente a posibles daños intencionados.
El papel de la Armada y sus barcos Cazaminas
La Armada Española es uno de los agentes clave en esta defensa. Custodia toda la red con seis barcos Cazaminas, llamados Turia, Duero, Tajo, Tambre, Segura y Sella, que se ocupan de vigilar que no pase nada raro y, llegado el caso, de realizar labores disuasorias frente a cualquier intento de ataque.
Desde estas embarcaciones se pueden detectar anomalías mediante sonar, sobre todo aquellas relacionadas con la presencia de minas. Para identificarlas y desactivarlas se emplean los ROV, robots sumergibles equipados con una cámara que envía imágenes en directo a los buques y con un brazo capaz de operar hasta unos 200 o 300 metros de profundidad. Si toca detonar al intruso, estos robots pueden cargar hasta 80 kilos de explosivos.
A veces hace falta presencia humana. Los buzos pueden descender hasta 114 metros y se ayudan de pequeños vehículos eléctricos, una especie de patinete acuático, para moverse más rápido y ampliar el radio de búsqueda.
De forma extraoficial, se calcula que en nuestro lecho marino descansan 15.000 kilómetros de cables submarinos. La posición de España, entre África, Europa y América, convierte a esta infraestructura en una pieza fundamental de la maquinaria que mantiene el mundo en movimiento.
Fuente
Imagen: xatakamovil.com
