Windows 11 pierde FPS por la seguridad: cómo recuperar rendimiento en juegos

by Tecnoandroid
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Windows 11 mantiene abierto un tira y afloja entre seguridad y rendimiento que golpea justo donde más duele a quien juega en PC. Las funciones de aislamiento de memoria y verificación del núcleo, esas que responden a las siglas VBS y HVCI, blindan el sistema frente a ataques muy elaborados. El problema es que ese escudo se come recursos que antes quedaban libres para los juegos, y el resultado se nota en la pantalla con menos fotogramas por segundo durante las partidas.

La seguridad basada en virtualización, la famosa VBS, y la integridad de código protegida por hipervisor, la HVCI, levantan una barrera que complica la vida a los atacantes más avanzados. Todo muy bien sobre el papel, aunque esa protección tiene un coste. Muchos usuarios cuentan que ambas funciones ya vienen activadas por defecto en un buen número de instalaciones recientes de Windows 11, lo que explica por qué tanta gente ha notado el bajón sin haber tocado absolutamente nada en la configuración.

Qué cambia con VBS y HVCI en el núcleo del sistema

Para entender de dónde sale la penalización hay que asomarse a cómo trabaja la arquitectura de Windows 11 por dentro. La VBS tira de la virtualización por hardware para crear una zona de memoria aislada del resto del sistema, mientras que la HVCI obliga a que todo el código del núcleo pase un control antes de ejecutarse. Ambas cosas exigen al procesador gestionar las transiciones de memoria con más rigidez de lo normal.

Ese esfuerzo extra apenas se nota en las tareas de cada día, pero la cosa cambia cuando llega la carga gráfica pesada. Ahí se traduce en una caída de los FPS máximos y, sobre todo, de los mínimos, los conocidos como 1% y 0,1% lows, que son los culpables de esos microcortes que arruinan la fluidez en mitad de una partida. Los motores gráficos necesitan acceso rápido a la memoria, y cualquier latencia que añada el hipervisor castiga el tiempo que tarda la tarjeta gráfica en generar cada fotograma. En los títulos más exigentes a nivel gráfico, la factura se paga con creces.

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Cuando el kernel gráfico de Windows fue el problema

La relación entre Windows 11 y los juegos ya dejó un aviso con la actualización 24H2. Nada más aterrizar, muchos jugadores reportaron bajones de rendimiento e inestabilidad, y las primeras sospechas apuntaron a los controladores gráficos de NVIDIA. La compañía llegó a sacar la versión 576.02 para intentar arreglarlo.

Las investigaciones que vinieron después, en cambio, colocaron el origen del fallo en el propio núcleo gráfico del sistema operativo. Microsoft reaccionó con la actualización opcional KB5058499, que trae la compilación 26100.4202. Las notas del parche lo dejan claro sin dar rodeos: corrige una fuga de memoria gráfica y soluciona el bloqueo de ciertos juegos tras el salto a 24H2. Ese mismo lanzamiento aprovechó para tapar un pantallazo azul al usar BitLocker en unidades extraíbles, fallos en las pantallas del menú de arranque y un consumo de memoria más alto de lo debido por parte del servicio de entrada.

Fuente
Imagen: softzone.es

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