Twitter sigue vivo en los tribunales, aunque su nombre desapareciera hace más de tres años de la plataforma que hoy conocemos como X. La paradoja es de las que hacen sonreír a cualquiera que siga de cerca este culebrón: Elon Musk se empeñó en borrar aquella marca del mapa, cambió el pájaro azul por una letra fría y hasta prometió arrancar el logotipo del edificio con sopletes. Y ahora, cuando otra empresa ha intentado quedarse con esa identidad abandonada, X ha tenido que pelear para conservarla. Un juez le ha dado la razón en parte, con una medida cautelar que impide a una startup llamada Operation Bluebird usar el nombre Twitter para su propia red social.
Un adiós que resultó menos definitivo de lo que parecía
En julio de 2023 Musk anunció que pronto dirían adiós a la marca Twitter y, poco a poco, a todos los pájaros. Al día siguiente llegó incluso a proclamar que cortarían el logotipo con sopletes. Vamos, un funeral en toda regla. Tres años después la historia da un giro curioso, porque aquel nombre que tanto quiso enterrar todavía tenía demasiado valor como para dejar que otro se lo llevara puesto.
Quien decidió poner a prueba ese abandono fue Operation Bluebird, una startup que en diciembre de 2025 solicitó las marcas Twitter y Tweet argumentando que X ya no las usaba. Y no fue precisamente sutil: primero montó una red social bajo el dominio Twitter.new, luego la lanzó como Twitter.now, recuperando gran parte de la estética azul original y lanzando mensajes como «We are bringing it back». X respondió con una demanda por infracción de marca. Bluebird, por su lado, defendía que Musk había renunciado con bastante claridad a ese patrimonio durante la transformación en X.
El detalle del App Store que lo cambió todo
El juez federal Colm Connolly ha dado provisionalmente la razón a X en lo que respecta al nombre Twitter. La medida cautelar del 3 de septiembre impide a Operation Bluebird usar Twitter o cualquier denominación que pueda generar confusión, siempre que X deposite una fianza de unos 460.000 euros. Y aquí llega el detalle jugoso: la ficha de X en el App Store todavía empieza diciendo «Welcome to X (formerly known as Twitter)». Un responsable legal admitió que esa referencia se añadió a propósito para que quien buscara Twitter encontrara X y entendiera que eran lo mismo. Para el juez, eso es uso comercial real de la vieja marca.
La ironía se afila un poco más. X presentó estudios para demostrar que Twitter sigue siendo una marca conocida, fuerte y famosa entre el público estadounidense. Es decir, para impedir que otra compañía se quedara con ella, X tuvo que convencer al juez de que el nombre que sustituyó por una sola letra vale todavía muchísimo. Con Tweet y el pájaro azul, en cambio, la cosa pinta muy distinta. El juez considera probable que Bluebird logre demostrar que X abandonó ambas marcas legalmente. Ninguna aparece ya en la ficha principal de la app ni en la portada, y buena parte de las referencias antiguas se consideraron simples restos de otra época. Ni siquiera las declaraciones de Musk ayudan: sus anuncios de despedirse de los pájaros y retirar el logotipo físicamente se ven como pruebas convincentes de que no pensaba volver a usarlas.
Operation Bluebird no se quedó quieta. Como ya no podía tirar de Twitter.now, el 4 de septiembre rebautizó su servicio como Tweet.app, aprovechando justo las dos marcas que X no consiguió proteger de forma cautelar: la palabra Tweet y una identidad otra vez basada en pájaros. La empresa lo interpreta como una victoria parcial y ya ha puesto en marcha la nueva plataforma, aunque conviene recordar que seguimos en una fase provisional. El tribunal no ha declarado que X haya perdido esas marcas de forma definitiva, solo que con las pruebas actuales Bluebird tiene opciones de demostrar el abandono cuando el caso llegue al fondo.
Queda una paradoja difícil de superar. Musk quiso que Twitter desapareciera hasta del vocabulario interno de la plataforma, pero X ha tenido que demostrar ante un juez que Twitter sigue siendo famosa, reconocible y comercialmente útil. Y al mismo tiempo, aquella campaña por borrar tweets y pájaros pudo ser tan eficaz que otra compañía acabe apropiándose de parte de aquel lenguaje. El litigio continúa y todo puede cambiar, aunque de momento el terreno queda repartido así.
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Imagen: muycomputer.com
