Quien esté cansado de pagar licencias carísimas o de ver cómo los grandes editores comerciales suben los precios año tras año tiene en Shotcut una salida más que interesante. Hablamos de un editor de vídeo de código abierto que ofrece control total sobre cada fase del montaje, sin coste alguno y sin dejar el bolsillo vacío. No hace falta esperar a una crisis del mercado para dar el salto al software libre. De hecho, un buen número de profesionales y aficionados ya lo han hecho, y no precisamente por moda.
Conviene aclarar algo desde el principio. Este programa lleva años consolidándose como una herramienta seria, madura, disponible para Windows, macOS y Linux. Y una de sus grandes bazas es que procesa formatos nativos de vídeo sin obligarnos a convertirlos antes de ponernos manos a la obra. Vale la pena repasar cómo funciona por dentro y por qué sus funciones cubren de sobra las necesidades de cualquier proyecto actual.
Edición multipista y soporte nativo gracias a FFmpeg
El corazón de cualquier editor está en cómo maneja varias capas de contenido sin que el ordenador empiece a sudar. Aquí Shotcut se defiende bien con una línea de tiempo multipista realmente flexible, donde se pueden apilar vídeos, audios y gráficos con total libertad. Toda la arquitectura se apoya en FFmpeg, la biblioteca multimedia de referencia en el mundo del código abierto, y eso tiene una consecuencia directa. El programa reproduce y edita formatos nativos sin pasos intermedios de por medio.
Nada de perder el tiempo convirtiendo archivos a un formato intermedio antes de arrancar. Da igual que trabajemos con ProRes, DNxHD o con opciones más habituales como MP4 y MKV, el motor interno los digiere sin quejarse. Esta gestión directa de los códecs ahorra espacio en el disco duro y mantiene un flujo de trabajo ágil, algo que se agradece muchísimo cuando el material bruto viene de drones o cámaras de acción, que suelen usar contenedores un poco raros.
Corrección de color y filtros de audio bien resueltos
Un montaje pierde toda su fuerza si la imagen y el sonido están descuidados. En lo visual, la corrección de color de este editor va mucho más allá del típico brillo y contraste. Hay ruedas para sombras, medios tonos y luces altas, y además se pueden cargar tablas de búsqueda o LUTs personalizadas. Con eso resulta sencillo igualar el tono entre distintas cámaras o darle un aire cinematográfico concreto sin salir de la interfaz.
Esto se nota sobre todo cuando el material se ha grabado con varias cámaras a la vez, porque permite unificar la temperatura de color y el contraste antes de meterse con el sonido.
Y el apartado sonoro no se queda atrás, ni mucho menos. El panel de filtros de audio trae ecualizadores de varias bandas, compresores, limitadores y herramientas de reducción de ruido. Si alguien graba una entrevista en una sala con eco, puede limpiar la pista y ecualizar la voz para que suene más clara y presente. Lo mejor es que todos estos ajustes son no destructivos, así que se pueden retocar en cualquier momento sin tocar jamás el archivo original.
Fuente
Imagen: softzone.es
