Los teclados analógicos están cambiando las reglas del juego, y quien renueve su periférico este año probablemente ya no vuelva a pensar en pulsar teclas de la manera tradicional. La razón tiene nombre propio: los interruptores magnéticos, una tecnología que lleva tiempo colándose en el equipamiento de los jugadores y que ahora se ha convertido en la opción preferida de buena parte de quienes buscan algo mejor que un teclado de siempre.
En el mercado conviven cinco tipos de interruptores. Están los de membrana, los de tijera que montan los portátiles, los mecánicos de toda la vida, los ópticos y, por último, estos magnéticos que se están ganando su sitio por méritos propios. La diferencia respecto a un teclado mecánico clásico no es un simple detalle de marketing, sino algo que se nota en cómo responde la tecla bajo el dedo.
Aquí va la clave. Un teclado mecánico trabaja con dos posiciones, 1 y 0, pulsado o sin pulsar, sin medias tintas. Los interruptores magnéticos, en cambio, manejan un mínimo de tres estados: 0, 1 y 2, por explicarlo de forma sencilla. Ese matiz aparentemente pequeño supone un cambio importante en el funcionamiento, sobre todo a la hora de jugar, que es donde de verdad se le saca partido a la tecnología.
Interruptores magnéticos: un antes y un después para los teclados gaming
Conviene entender cómo funciona cada cosa. Un interruptor mecánico entra en acción cuando se presiona lo suficiente para que la placa de metal que lleva dentro toque el sensor y active la pulsación. Punto. Los interruptores magnéticos hacen algo totalmente distinto y bastante más fino.
Dentro llevan un imán que activa el sensor a medida que se acerca a la placa base. Ese sensor mide el campo de fuerza magnético que se genera conforme el imán se aproxima, con una precisión mínima de 0,1 mm. Nada de todo o nada, sino una lectura continua de lo que hace el dedo.
El sensor de la PCB del teclado es capaz de interpretar exactamente a qué profundidad está la tecla para ponerse en marcha. Y ahí es donde entra el software del fabricante, que permite asignar acciones distintas a un mismo interruptor según cuánto se pulse. Los magnéticos, de hecho, permiten ajustar el nivel de actuación entre 0,1 mm y 4 mm, un rango que da mucho margen para configurar cada tecla al gusto.
El ejemplo más claro está en el movimiento dentro de los videojuegos. Se puede configurar la tecla W para que, con una pulsación ligera, el personaje camine, y para que eche a correr directamente al presionarla hasta el final de su recorrido. La misma tecla, dos comportamientos, algo impensable en un teclado mecánico tradicional.
Esta tecnología no es exactamente nueva. Los mandos llevan años usando algo parecido a través del efecto Hall y, más recientemente, con la tecnología TMR. La novedad es que ha aterrizado en los teclados y, por lo que se ve, ha llegado para quedarse.
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Imagen: hardzone.es
