Esperar para comprar el Galaxy S26 quizá ya no sea la jugada inteligente que solía ser. Durante años dejar pasar el tiempo funcionaba casi siempre: el entusiasmo inicial se enfriaba, aparecían las primeras promociones y aquel móvil que parecía carísimo el día del lanzamiento acababa acercándose a un precio más razonable. La crisis de la memoria lleva meses poniendo en duda esa vieja certeza. Y ahora los Galaxy S26 se mueven en un mercado donde el paso del tiempo ya no garantiza pagar menos mañana que hoy. Una de esas reglas de la electrónica de consumo que parecían escritas en piedra y que empiezan a resquebrajarse.
Una posible subida de precio meses después del lanzamiento
Samsung estaría estudiando encarecer toda la familia Galaxy S26 en Corea del Sur a partir del próximo 1 de octubre. Según lo que ha trascendido, un operador surcoreano habría comunicado a los distribuidores un incremento de 149.600 wones, alrededor de 100 euros al cambio, en el precio mayorista de todos los modelos. El ajuste llegaría casi siete meses después de su llegada al mercado en marzo, aunque conviene tratarlo con cautela: la propia Samsung asegura que no ha emitido ninguna comunicación oficial sobre un aumento y que todavía está revisando la situación.
De confirmarse, el movimiento sería considerable. El Galaxy S26 de 256 GB pasaría de 1.254.000 a 1.403.600 wones, mientras que el Galaxy S26+ con la misma capacidad subiría desde 1.452.000 hasta 1.601.600 wones. El Galaxy S26 Ultra de 256 GB saltaría de 1.797.400 a 1.947.000 wones. El incremento sería idéntico en términos absolutos para los tres, aunque su impacto porcentual cambia según el precio de partida. Y, sobre todo, caería sobre unos móviles que ya llevan buena parte de su ciclo comercial recorrido.
La memoria y los componentes vuelven a estar en el centro
La explicación apunta, otra vez, hacia un problema del que llevamos meses hablando: el fuerte encarecimiento de la memoria y de otros componentes. La enorme demanda de los centros de datos dedicados a inteligencia artificial ha tensionado la oferta de DRAM y NAND, y los fabricantes priorizan productos más rentables destinados al mercado profesional y de servidores. Samsung ya había reconocido antes la presión que suponen los mayores costes de semiconductores y logística, y los Galaxy S26 llegaron condicionados desde el primer día por esa situación.
El mercado de smartphones lleva meses dando señales claras de ese cambio. A comienzos de septiembre se apuntaba que más del 40% de los modelos analizados habían experimentado subidas de precio durante 2026, mientras que el precio medio de dispositivos ya en el mercado había crecido alrededor de un 15% a escala mundial. Apple acaba de ofrecer un ejemplo muy cercano con la reciente subida de precio de los iPhone 17, junto a otros modelos de generaciones anteriores, y en los últimos meses hemos visto ajustes similares en otros segmentos.
Hay, además, rumores que apuntan a que Samsung podría trasladar esos costes a los Galaxy Z Fold 8 y Galaxy Z Fold 8 Ultra, aunque aquí la información es todavía más débil y no cuenta con confirmación adicional. La compañía reconoce que está revisando sus precios ante el incremento de costes, pero insiste en que no hay una decisión definitiva. Tampoco hay indicios de que el posible aumento del Galaxy S26 vaya a aplicarse fuera de Corea del Sur, así que sería prematuro trasladarlo a Europa o anticipar qué podría pasar por aquí.
Lo curioso es cómo una crisis que empezó pareciendo un asunto puramente industrial acaba alterando comportamientos muy cotidianos. Durante años nos acostumbramos a que la paciencia tuviera premio. La situación actual de la memoria demuestra que esa relación ya no puede darse por sentada. Puede que Samsung termine manteniendo los precios de los Galaxy S26, pero el simple hecho de que los esté revisando tantos meses después del lanzamiento enseña hasta qué punto el coste de los componentes sigue condicionando un mercado que todavía no ha recuperado su equilibrio.
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Imagen: muycomputer.com
