Cuando la partida se pone seria, el input lag del mando puede marcar la diferencia entre celebrar una victoria o tragarse una derrota por los pelos. Un milisegundo arriba, un milisegundo abajo, y en un título competitivo eso ya cuenta. Por eso elegir bien cómo conectar el mando (por Bluetooth, por 2.4 GHz o directamente con cable) no es un detalle menor, sino algo que conviene pensar con calma antes de sentarse a jugar.
Existen tres maneras de sincronizar el mando con una consola o un PC, y cada una tiene su propio carácter. Una apuesta por la comodidad, otra por la velocidad, y otra intenta quedarse a medio camino. La pregunta de fondo es sencilla: ¿qué pesa más, la libertad de jugar sin cables o exprimir cada gota de rendimiento? Según lo que responda cada jugador, la elección será distinta.
Qué conexión de mando funciona mejor para jugar online
Hubo una época en la que el cable era la única salida. Si querías conectar un mando a la consola o al PC, no había alternativa. Las conexiones inalámbricas llegaron más tarde y cambiaron la forma de jugar, quitándonos de encima ese estorbo físico que a veces molesta más de lo que parece. Pero, claro, toda comodidad tiene su precio. Cualquier señal que viaja por el aire sufre algo de pérdida e inestabilidad, y ahí es donde aparece el temido input lag. Es la misma lógica por la que el WiFi suele ir más lento que un buen cable Ethernet.
Ahora bien, no todo lo inalámbrico funciona igual. No es lo mismo jugar por Bluetooth que hacerlo mediante 2.4 GHz, al menos si hablamos de nivel competitivo. Para un mando sencillo y barato, pensado para partidas offline sin grandes exigencias, cualquier opción cumple sin problemas. Pero cuando se busca lo mejor de lo mejor, las diferencias empiezan a notarse de verdad.
Cómo comprobar por tu cuenta la latencia del mando
Si la curiosidad puede contigo y prefieres verlo con tus propios ojos, existen herramientas bastante entretenidas para trastear. Una de ellas es Polling Tester, disponible en GitHub, que muestra cada cuánto el mando le “reporta” datos al PC. No es una medición completa del input lag, eso hay que dejarlo claro, pero sí ayuda a ver si una conexión responde más fina o más irregular que otra. Un buen modo de comprobarlo en una situación real.
Si nos fijamos en los resultados, el cable sigue siendo la opción más rápida, aunque también la menos cómoda. No hay batería que se agote y la latencia es prácticamente inexistente. Con Bluetooth y 2.4 GHz la historia cambia, y aquí siempre gana el segundo: es más veloz y consume menos recursos. Así que, ordenando de más rápido a más lento cuando lo que importa es la velocidad, la clasificación queda clara con el cable en cabeza, el 2.4 GHz justo detrás y el Bluetooth cerrando el grupo.
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Imagen: hardzone.es
