Cuando se trabaja a diario con un portátil, el gran quebradero de cabeza suele ser siempre el mismo: la autonomía. Y aquí es donde entra en juego la posibilidad de ahorrar batería en Windows 11 tocando solo un par de opciones que ya vienen incluidas en el sistema. Nada de aplicaciones externas ni de trucos extraños que prometen milagros. Microsoft, dentro de su propio sistema operativo, ha metido varias funciones pensadas justo para estirar la carga lo máximo posible antes de quedarse tirado sin cargador.
Lo primero que conviene tener claro es que la app de Configuración de Windows 11 esconde varias opciones para regular el consumo energético del equipo. No hace falta ser un experto ni descargar nada raro. Basta con echar un vistazo a tres apartados concretos: Energía y batería, Pantalla y Reproducción de video. Ahí está la clave para alargar la autonomía cuando toca salir de casa y el enchufe queda lejos.
El modo de energía, el primer ajuste que hay que revisar
El punto de partida está en Sistema, dentro del apartado Energía y batería. Por defecto, el modo de energía suele venir configurado para priorizar el rendimiento, que es lo que más tira de la batería. Cambiarlo a Mejor eficiencia energética limita los procesos que corren en segundo plano y baja el consumo general del portátil. La diferencia se nota especialmente en jornadas largas de trabajo con documentos o navegando por internet, todo ello sin conexión a la corriente.
Y aquí va un detalle que tranquiliza a más de uno: este cambio no afecta al rendimiento gráfico del sistema. O sea, se puede activar sin miedo a que los programas de siempre empiecen a ir lentos o con tirones. Sigue funcionando todo igual, pero gastando menos.
El ahorro de energía automático, para cuando no hay enchufe cerca
En ese mismo menú aparece otra opción muy interesante, el Ahorro de energía. Se puede programar para que salte solo cuando quede un 20 % o un 30 % de carga. Cada uno elige el porcentaje que mejor le encaje según cómo trabaje, y a partir de ahí el sistema toma el mando sin que haya que mover un dedo.
Una vez que este modo entra en acción, recorta varias actividades de las aplicaciones en segundo plano y apaga algunas funciones del sistema para reducir el gasto. El resultado es que esos últimos minutos de autonomía aguantan bastante más de lo normal. Resulta muy práctico cuando se sabe de antemano que no va a haber un enchufe a mano durante un buen rato, pensemos en un viaje largo o en una reunión fuera de la oficina.
Este ajuste se puede combinar con el modo Mejor eficiencia energética para exprimir al máximo el efecto. Eso sí, conviene tener presente que ambos actúan sobre los procesos en segundo plano, así que pueden ralentizar un poco ciertas tareas que dependan de una sincronización constante.
Fuente
Imagen: softzone.es
