La vacuna contra el cáncer desarrollada por Moderna ha vuelto a colocar el ARNm en el foco de atención, aunque esta vez la razón no tiene relación alguna con una pandemia. Las acciones de la compañía se dispararon alrededor de un 177% después de que Moderna y Merck presentaran nuevos resultados de una terapia experimental contra el cáncer. Lo verdaderamente interesante está en su funcionamiento: no se fabrica un producto común para todos los pacientes, sino uno específico para cada persona, diseñado a partir de las mutaciones concretas de su tumor. Esa idea llevaba años abriéndose paso por los ensayos clínicos y acaba de superar su prueba más importante hasta el momento.
Qué ha demostrado el ensayo clínico
La prueba decisiva se llama INTerpath-001 e incluyó a 1.137 pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo, en estadios que van del IIB al IV, completamente extirpado mediante cirugía. Según las dos compañías, un análisis intermedio reveló que añadir intismeran a Keytruda mejoró de forma estadísticamente significativa la supervivencia libre de recurrencia, que mide el tiempo hasta que el cáncer reaparece o el paciente fallece por cualquier motivo, frente a Keytruda en solitario. La combinación también mejoró la supervivencia libre de metástasis a distancia. Son dos objetivos centrales del estudio, aunque todavía no equivalen a dar por cerrada la fase 3.
A diferencia de las vacunas pensadas para evitar una infección antes de que ocurra, intismeran se administra como tratamiento cuando el cáncer ya ha aparecido. Aquí se usa tras la cirugía, con el melanoma ya extirpado, para entrenar al sistema inmunitario y que detecte células tumorales que puedan quedar, reduciendo así el riesgo de recaída. La clave está en los neoantígenos, proteínas o fragmentos derivados de las mutaciones del tumor que funcionan como dianas para que las defensas reconozcan mejor las células cancerosas.
Una vacuna diseñada a medida para cada paciente
Todo arranca con una muestra del tumor de cada persona, que se analiza para identificar su firma particular de mutaciones. A partir de ahí se diseña un ARNm sintético capaz de codificar hasta 34 neoantígenos seleccionados para ese cáncer concreto. Una vez administrado, esas instrucciones permiten que el organismo produzca esos neoantígenos y los presente al sistema inmunitario, favoreciendo una respuesta de células T contra las células tumorales. Keytruda completa la estrategia bloqueando el receptor PD-1, que puede frenar esa reacción defensiva.
La relevancia va más allá de este melanoma. Según Merck y Moderna, es la primera vez que una terapia individualizada de neoantígenos y un tratamiento oncológico basado en ARNm ofrecen un resultado positivo en fase 3. El camino ya había dejado una señal importante: en el estudio de fase 2b, el seguimiento a cinco años mostró un 49% menos de riesgo de recurrencia o muerte y un 59% menos de riesgo de metástasis a distancia o muerte frente a Keytruda en solitario. Conviene subrayarlo, porque esos porcentajes pertenecen al ensayo anterior y no al de fase 3 recién conocido.
El avance es grande, pero todavía no permite hablar de una terapia aprobada, y tampoco conocemos la magnitud completa del beneficio en fase 3. Ambas compañías deben presentar aún los datos detallados, mientras el ensayo continúa para evaluar otros objetivos, entre ellos la supervivencia global. Moderna y Merck prevén hablar con los reguladores sobre una posible solicitud de autorización y ya estudian esta estrategia en otros tumores, incluidos el cáncer de pulmón no microcítico, el de vejiga y el carcinoma renal.
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Imagen: xataka.com
