Las estafas se han convertido en algo casi cotidiano. Llegan por SMS haciéndose pasar por mensajería, por la app del parking y ahora hasta por correo ordinario. A eso se suman las tiendas falsas y los alquileres vacacionales que no existen. Siempre pensamos que a nosotros no nos tocará, pero caer en uno de estos engaños resulta mucho más fácil de lo que parece. Jordi Nebot, director de la plataforma de pagos PaynoPain, ha explicado cuáles son las mejores defensas y qué pasos seguir cuando ya se ha caído en la trampa.
El método de pago lo decide casi todo
Que se recupere o no el dinero depende por completo del método de pago usado para enviarlo. Si fue con tarjeta bancaria, hay buenas noticias. Según Nebot, “ahí hay un proceso de disputas bastante estandarizado y en el que máximo 45 días si te han estafado deberías recuperar el dinero”. Y remata con una frase que lo resume bien: “muy mal se tiene que dar para que hayas sido víctima de una estafa y no recuperes el dinero”.
La historia cambia bastante si el pago se hizo por transferencia, Bizum o PayPal en su modalidad entre particulares. “Son formas de pago en las que, una vez has enviado el dinero, la única forma que tienes para recuperar el dinero es llevar a juicio a la persona”, advierte. Y ahí aparece la dificultad extra de identificar al estafador, muchas veces por importes que “ni te compensa” pelear.
El riesgo del clonado y por qué conviene pagar con el móvil
Pagar con tarjeta ofrece la mejor protección para reclamar, pero también trae un peligro: que te la clonen. “Si vas a pagar con tu tarjeta física, tienes que mirar que no esté manipulado el datáfono”, explica Nebot. Cuenta incluso una anécdota propia. “Yo caí en esta que es de novatos. En lugar de sacarte el datáfono para pagar, te dicen que les des la tarjeta y te la devuelven después junto con la factura. Aprovechan en ese momento para duplicártela”. Lo mismo pasa en cajeros manipulados, así que conviene fijarse en la ranura por si sobresale algún aparato sospechoso.
Aquí llega un consejo que sorprende a quienes aún desconfían de los pagos móviles. Pagar con el teléfono no libra de una tienda fraudulenta, pero sí del clonado. Al usar Apple Pay o Google Pay “no se puede duplicar la tarjeta porque con lo que pagas no es tu tarjeta, es un token de un solo uso. Es una medida de seguridad muy efectiva”. Si el cajero permite contactless, mejor tirar del móvil.
Sobre cómo reclamar, la mayoría de bancos tienen un seguro contra fraudes y compra online, así que se puede iniciar el proceso desde la propia app. Si la tarjeta fue clonada o el banco no lo cubre, toca ir a la policía y poner una denuncia. Con esa denuncia se acude al banco para disputar la operación, un trámite que suele resolverse en un máximo de 45 días.
No siempre es tan sencillo. Nebot recuerda el caso de un usuario que empezó a recibir avisos raros del banco, mensajes para confirmar transferencias que él no había iniciado e intentos de acceso con credenciales erróneas. La respuesta siempre era la misma: “no te ha pasado nada”. Hasta que una noche le duplicaron la SIM y le hicieron “como cuatro o cinco transferencias de 10.000 euros”. El banco se negó a devolver el dinero alegando que la operación se había aprobado con sus credenciales y con el código SMS. El usuario llevó el caso a juicio y demostró que había avisado varias veces sin que la entidad moviera un dedo. El resultado: condenaron al banco a devolverle todo. “No está de más que la gente sepa que el ser proactivo con estas cosas le da un punto de protección”, aconseja Nebot.
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Imagen: xataka.com
