Quien lleva poco tiempo jugando en PC seguramente se haya topado con una palabra que hasta hace nada parecía patrimonio exclusivo del móvil: gacha. Títulos como Genshin Impact, Honkai: Star Rail, Zenless Zone Zero, Wuthering Waves o Arknights: Endfield son apenas la punta del iceberg de una tendencia que ha dado la vuelta a la industria. Son juegos gratuitos, casi siempre con mundos enormes, campañas larguísimas y actualizaciones que no paran nunca. Y todos comparten una misma columna vertebral: el negocio gira en torno a conseguir personajes, armas y objetos a través de sistemas de recompensa aleatoria.
El nombre viene de algo muy físico y muy japonés. Los gachapon son esas máquinas expendedoras que sueltan cápsulas con juguetitos dentro. Metes dinero, giras la manivela y recibes una cápsula sin saber qué te va a tocar. Ese mismo concepto saltó al videojuego y terminó convirtiéndose en un modelo de monetización tremendamente popular en Japón, China y Corea.
Qué es exactamente un juego gacha
En la práctica, el funcionamiento dentro de un videojuego se parece bastante al de la máquina de cápsulas. El jugador consigue algún tipo de moneda virtual y la usa para hacer una tirada, recibiendo al azar un personaje, un arma o cualquier otra recompensa. Suele haber distintos niveles de rareza, con nomenclaturas del tipo B, A, A+, S, SR, SSR o UR, y por lo tanto probabilidades muy diferentes de sacar cada elemento.
Conviene aclarar un punto que a veces genera confusión. La palabra gacha no define el género del juego. Un gacha puede ser perfectamente un RPG de acción, un juego de estrategia, un JRPG por turnos, un Tower Defense o prácticamente lo que se te ocurra. Lo que lo identifica no es cómo se juega, sino cómo se obtienen los contenidos. Ahí está toda la clave.
Por qué el modelo funciona tan bien
Vamos con un ejemplo sencillo. En un juego tradicional puedes comprar un personaje concreto directamente por unos 10 euros, pongamos que a través de un DLC. En un gacha la cosa cambia: gastas una cantidad de moneda virtual para intentar conseguirlo, y esa moneda, obviamente, se puede comprar con dinero real. A veces te sale en la primera tirada. Otras veces toca insistir muchísimo más. Para que la frustración no se dispare, buena parte de estos juegos incorporan sistemas conocidos como pity o garantía: pasado cierto número de intentos, el jugador recibe una recompensa de una rareza determinada o incluso tiene asegurado el personaje que andaba buscando.
Y aquí aparece uno de los grandes secretos económicos del asunto. El jugador no paga necesariamente por un contenido concreto, sino por la posibilidad de conseguirlo. Eso permite a los estudios mantener durante meses, o incluso años, un goteo constante de nuevos personajes, armas, aspectos y eventos que reactivan una y otra vez el interés de la comunidad.
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Imagen: hardzone.es
