La batería de tu consola portátil tiene los días contados, o mejor dicho, los ciclos contados. Exactamente igual que ocurre con un teléfono móvil, la autonomía que ofrece el primer día que la enciendes no será la misma que tendrás dentro de cinco años, sobre todo si le has dado un uso intensivo. Llega un momento en que quizá toque cambiarla para poder seguir disfrutando de las partidas como al principio.
Y aquí está el detalle que muchos ignoran. Una batería en mal estado no solo dura menos, también puede hacer que la consola se caliente más de la cuenta y que todo empiece a funcionar peor. Lo curioso es que casi nadie sospecha de la batería. La gente piensa que el equipo entero se está estropeando, cuando en realidad bastaría con una pieza nueva para dejarlo todo como recién salido de la caja.
Por qué se degradan las baterías de las consolas
Existe la idea, bastante extendida, de que el desgaste de la batería es cosa exclusiva de los móviles. Nada más lejos de la realidad. Cualquier dispositivo que lleve una batería de litio pasa por este proceso tarde o temprano, y ahí entran de lleno las consolas portátiles como Nintendo Switch, Steam Deck, ASUS ROG Ally o cualquier otro modelo que dependa de una batería recargable para tirar.
Es algo completamente normal, nada de lo que alarmarse. Cada vez que cargas y descargas la consola, completas una pequeña parte de un ciclo. Y después de cientos de ciclos, la capacidad total empieza a bajar sin remedio. Dicho de otro modo, si al principio podías jugar cinco horas del tirón, con el paso del tiempo esa cifra puede quedarse en tres, o incluso menos, todo depende del trato que le hayas dado.
El problema no es solo la autonomía
Aquí conviene detenerse, porque la duración es solo una parte del asunto. Cuando una batería empieza a deteriorarse, aparecen otros fallos que despistan bastante. No es capaz de suministrar la energía suficiente en los momentos de máximo rendimiento, y de ahí vienen los reinicios, el lag, los cuelgues y demás. Y lo peor es que no puedes hacer gran cosa para evitarlo mientras la pieza siga en ese estado.
Hay otro punto que casi siempre se pasa por alto, y es la temperatura. La carga y descarga de una batería que ya no rinde como el primer día genera más calor, así que el sistema de refrigeración tiene que trabajar el doble. Los ventiladores hacen más ruido, la consola se calienta más de lo habitual, y muchos usuarios lo achacan a un problema de hardware. Cuando lo cierto es que, en muchos casos, todo se reduce a esa batería que ya ha cumplido su ciclo.
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Imagen: hardzone.es
