Cada día llegan a la bandeja de entrada mensajes con archivos adjuntos que parecen facturas, currículums o documentos de trabajo, y ahí es donde entran en juego las extensiones de email peligrosas, esas que transforman un simple archivo en una puerta abierta para el malware en cuanto lo abrimos. Saber reconocerlas es la diferencia entre un correo inofensivo y un problema serio. Veamos cuáles conviene mirar con lupa y qué hacer en Windows para no caer en la trampa.
El correo electrónico sigue siendo el camino favorito para colar software malicioso. Los filtros de los proveedores bloquean buena parte de las amenazas ya conocidas, pero quienes reparten estos archivos van adaptando el formato para esquivar esas barreras, apostando por extensiones que el sistema interpreta como órdenes directas.
Ejecutables y scripts que se lanzan solos
Si un correo trae un adjunto que termina en .exe, .scr, .bat, .cmd, .vbs, .js o .wsf, hablamos de código que Windows pone en marcha justo en el momento del doble clic. Un archivo .scr, por poner un caso, suele hacerse pasar por un protector de pantalla cuando en realidad funciona como un ejecutable. Y los scripts en Visual Basic (.vbs) o en JavaScript (.js) pueden estar programados para descargar más contenido desde un servidor remoto en cuanto se abren.
También circulan archivos con extensión .hta, aplicaciones HTML que Windows ejecuta con permisos parecidos a los de un programa ya instalado, sin pedir esa confirmación que sí exige un instalador normal. Hay un truco muy visto que consiste en bautizar el archivo como Factura_2024.pdf.exe, aprovechando que Windows por defecto oculta las extensiones conocidas y solo enseña la parte que le interesa al remitente. Si aparece un adjunto con dos extensiones pegadas, lo más sensato es no abrirlo y confirmar con quien lo envía por otro canal antes de arriesgarse.
Documentos de Office con macros y formatos heredados
Otro recurso muy típico de la ingeniería social son los documentos de Office con macros habilitadas, que se reconocen por las extensiones .docm y .xlsm. A diferencia de un .docx o un .xlsx normal, estos archivos llevan dentro código VBA capaz de automatizar tareas en el propio documento, y de instalar software no deseado si lo dejamos correr sin comprobar antes de dónde viene.
El correo suele insistir en que habilitemos la edición o activemos el contenido para ver bien el documento, un mensaje pensado precisamente para que bajemos la guardia. Microsoft ha reforzado en los últimos años el bloqueo por defecto de las macros que llegan desde Internet, aunque quienes montan estos correos siguen buscando maneras de saltarse ese muro. Aparte, el formato .rtf, pese a lo viejo que es, también ha aprovechado en alguna ocasión fallos del procesador de textos para ejecutar código sin necesidad de macro alguna. Con cualquier adjunto de Office que llegue de un remitente inesperado, mejor desconfiar.
Archivos comprimidos y discos virtuales
Para esquivar los filtros que analizan el contenido del correo, quienes reparten malware envuelven el archivo dañino dentro de un contenedor. Los formatos .zip, .rar o .7z permiten disimular qué hay dentro y, cuando se protegen con contraseña, complican el análisis automático que hacen los servidores de correo antes de entregarnos el mensaje.
Fuente
Imagen: softzone.es
