Quien haya paseado por el Algarve seguramente recuerde las playas encajadas entre acantilados dorados, las calas resguardadas por la roca y ese Atlántico que ha hecho del sur de Portugal uno de los destinos más queridos de Europa. Detrás de esa postal, sin embargo, hay una cuestión mucho menos fotogénica y bastante más urgente. La desaladora del Algarve nace precisamente para responder a un problema que arrastra la región desde hace años, garantizar agua suficiente cuando las sequías se alargan y las reservas tradicionales empiezan a flaquear.
El proyecto tiene nombre propio, la Estação de Dessalinização de Água do Mar do Algarve, más conocida como EDAM. Se está levantando en el municipio de Albufeira y la inversión ronda los 108 millones de euros. En su primera fase producirá 16 hectómetros cúbicos de agua al año, es decir unos 43.200 metros cúbicos diarios, con margen para ampliar la capacidad hasta los 24 hectómetros cúbicos anuales. La puesta en marcha está prevista para el 2028.
Por qué el Algarve necesita una fuente de agua distinta
La lógica detrás de esta infraestructura es sencilla de entender. El Algarve depende en buena medida de embalses y de aguas subterráneas, pero los periodos largos sin apenas lluvia han apretado esas reservas hasta límites incómodos. Las autoridades portuguesas han apostado por la desalación como fuente complementaria, dentro de un plan más amplio para reforzar el abastecimiento público y no quedar tan expuestos ante la próxima temporada seca.
Conviene recordar que en España esta tecnología no tiene nada de novedosa. El país empezó a usar agua de mar hace más de seis décadas, con la primera desaladora instalada en Lanzarote en 1964, y desde entonces se ha vuelto habitual en Canarias y en varias zonas del litoral mediterráneo. Portugal llega ahora a un punto diferente, porque la EDAM será la primera gran estación desalinizadora de agua de mar pensada para el abastecimiento público en el Portugal continental.
Cómo se transforma el agua del mar en agua potable
Convertir el agua salada en agua de grifo no es simplemente filtrarla. La EDAM funcionará mediante ósmosis inversa, un proceso que arranca con la captación del agua marina y sigue con varias fases de tratamiento. Primero se eliminan partículas e impurezas con sistemas de pretratamiento, luego el agua atraviesa membranas especiales que retienen las sales, y al final llega la remineralización y la desinfección antes de incorporarla a la red pública.
Buena parte de las instalaciones estará en el mar. Habrá estructuras de captación marina, conducciones hasta la planta y un emisario para devolver al océano la salmuera generada durante el proceso. Este es uno de los puntos más delicados a nivel ambiental, ya que esa concentración de sales debe gestionarse con sistemas de dispersión y seguimiento para reducir su impacto sobre el entorno marino.
El plan del Algarve, eso sí, va más allá de una planta junto a la orilla. Las autoridades portuguesas combinan las nuevas infraestructuras con medidas de eficiencia, como impulsar el uso de agua reutilizada, recortar pérdidas y mejorar las interconexiones del sistema de abastecimiento. La desalación deja así de ser una solución excepcional para convertirse en una pieza más dentro del conjunto de recursos disponibles en las costas mediterráneas.
Fuente
Imagen: xataka.com
