La salida de Nokia del mercado chino ya es prácticamente un hecho. El fabricante finlandés de telecomunicaciones ha confirmado el cierre de la mayor parte de sus instalaciones en el país y el despido de buena parte de su plantilla antes de que termine el ejercicio actual. Lo que un día fue su principal mercado a nivel mundial quedará reducido a una pequeña división de servicios posventa, según trascendió de una videoconferencia interna celebrada desde Helsinki a principios de agosto.
La decisión afecta a las divisiones de redes móviles e infraestructura de red en China continental. El movimiento golpeará a unos 7.200 empleados que la compañía tenía registrados en la región de Gran China al cierre de 2025, una cifra muy por debajo de los 13.700 trabajadores que sumaba en 2020. El plan contempla el cierre del centro de investigación y desarrollo de Hangzhou, que se llevará por delante 1.600 puestos, además de otras instalaciones en Pekín, Shanghái, Chengdu y Qingdao. Los despidos se ejecutarán por fases y quedarán casi completados a final de año.
Ingresos en caída y competidores locales cada vez más fuertes
Los números explican bastante bien lo que está pasando. Los ingresos de Nokia en China pasaron de 1.840 millones de euros en 2019 a 913 millones en 2025, y su peso sobre la facturación global del grupo bajó del 7,9% al 4,6%. En 2010 el país asiático llegó a generar 7.620 millones de euros, su máximo histórico. La firma entró en China en 1985 y fue clave en la construcción de la red nacional durante los noventa, pero fue perdiendo terreno frente a rivales como Huawei o ZTE, sobre todo desde el despliegue del 5G. La facturación cayó un 19% en 2025, tras un descenso cercano al 13% el año anterior.
Costes de reestructuración y un contexto geopolítico tenso
Irse de China no sale gratis. Nokia ha elevado sus previsiones de costes de reestructuración para el año fiscal actual de 250 a 800 millones de euros, de los cuales 350 millones están vinculados directamente a la reorganización china. La compañía espera un ahorro de unos 200 millones de euros al integrar el negocio chino en sus operaciones globales. A finales de 2025 tomó el control total de Nokia Shanghai Bell y ya había vendido sus plantas de producción en Suzhou en 2024.
El repliegue encaja en la desconexión tecnológica entre Occidente y Pekín, acelerada por las sanciones de Estados Unidos y de varios países europeos a Huawei y ZTE. Su rival sueco, Ericsson, ha seguido un camino parecido, con más de 3.500 empleos recortados en China entre 2022 y 2025 y la venta de sus instalaciones de I+D en Nanjing. Otras tecnológicas occidentales, como IBM, Microsoft y Amazon, también han reducido su presencia en el país. Ahora Nokia concentra su capacidad en regiones con demanda estable, como Estados Unidos, Finlandia e India, mientras el foco se desplaza a la ejecución del plan de cierre.
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Imagen: androidayuda.com
