Convertir el aire acondicionado de casa en uno inteligente por apenas cinco euros parecía imposible, y sin embargo un pequeño accesorio comprado en tiendas chinas lo ha logrado. Quien tiene un split de pared antiguo o un sistema centralizado conoce la condena de depender para siempre del mando original. En este caso la situación era todavía más molesta, porque la máquina va montada en el falso techo y su receptor apenas tenía alcance, obligando a apuntar con precisión milimétrica cada vez.
Un puente entre el WiFi y la máquina
La solución llegó con un control remoto WiFi e infrarrojo, un cacharro de plástico de unos 43 gramos que se alimenta por micro USB y se conecta a la red WiFi de 2,4 GHz. Su trabajo es hacer de traductor, nada más. Recibe las órdenes desde el móvil y las emite mediante frecuencias infrarrojas hacia el electrodoméstico, sin necesidad de visión directa y con un radio de hasta ocho metros.
Para configurarlo hace falta instalar la app Smart Life, compatible con iOS y Android. En este caso el proceso se hizo desde un Pixel, pero ahora el aire se controla también desde el Galaxy de la pareja e incluso desde el altavoz del salón. Lo mejor es que el emisor no se limita a un solo aparato, puede gestionar tantos como se configuren.
La parte más tediosa llegó dentro de la app. Aunque tiene modo automático y perfiles predefinidos para miles de aparatos, ninguna configuración conseguía encender la máquina de la marca Airwell. Tocó recurrir a la función de aprendizaje infrarrojo, habilitando un mando en blanco y clonando botón por botón cada orden del mando original. Un proceso de varios minutos que resolvió la incompatibilidad inicial.
Resultados y algunas renuncias
Una vez mapeados los botones, el rendimiento fue impecable, con un retardo mínimo respecto al mando físico. La gran ventaja es su versatilidad para integrarse en varios ecosistemas. Al sincronizarse con Alexa o Home, todo el control se ha volcado a la cuenta de Google, permitiendo hablarle a Gemini en el Nest, abrir Google Home o usar el móvil como mando.
También hubo que asumir compromisos. Se pierden las opciones que dependían de la pantalla del mando original, como ver la temperatura del sensor de la habitación o la programación de encendido y apagado. Esas ausencias se mitigan en parte con la propia app de Smart Life, que permite crear automatizaciones por tramos horarios y botones rápidos para órdenes combinadas. Por cinco euros, prescindir del mando para lo básico y controlar el aire por voz o desde cualquier lugar es un salto de calidad indiscutible.
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Imagen: xatakamovil.com
