Packard Bell vuelve a la vida con un teléfono pensado para desconectar
La marca Packard Bell ha regresado y lo ha hecho de una forma que muchos no esperaban. En medio de una industria que corre detrás de la inteligencia artificial y de componentes cada vez más potentes, hay un grupo de usuarios que pide justo lo contrario: dispositivos que pongan freno a la hiperconexión. Y en ese hueco han aparecido tanto startups como marcas de toda la vida dispuestas a jugar con la nostalgia.
Fundada en 1926 y ahora bajo el paraguas del Grupo Acer, la firma aprovechó el IFA 2026 para celebrar su centenario con un relanzamiento que incluye un teléfono 4G perfecto para la desconexión digital. Y no viene solo, porque lo acompañan otros productos lifestyle, entre ellos unas curiosas gafas de audio.
DotLine y DotLook, lo básico vuelve con estilo
El primero de los protagonistas es el DotLine, un feature phone que se centra en lo esencial: llamadas y mensajes de texto. Nada de apps, nada de redes sociales. Funciona con el sistema ThreadX y monta unas cifras que suenan a otra época, con 48 MB de RAM y 128 MB de almacenamiento interno. Aun así, no le faltan detalles útiles como el 4G para las llamadas, una pantalla IPS de 2,8 pulgadas, puerto USB-C, linterna y una cámara trasera de dos megapíxeles.
Su gran carta es la autonomía. Lleva una batería de 1.800 mAh que promete hasta dos semanas de uso y llegará a nuestro país por 69 euros. Junto a él aparecen las DotLook, unas gafas inteligentes de audio que buscan sustituir a los auriculares clásicos: permiten escuchar música, podcasts o atender llamadas dejando el oído libre para no perder el contacto con el entorno. Pesan 38,8 gramos, están hechas en material TR90, cuentan con Bluetooth 5.3, resistencia IPX5 y unas lentes magnéticas que dejan acoplar un filtro solar en un momento. Además admiten lentes graduadas y su batería aguanta, según la marca, hasta 10 horas seguidas.
La desconexión digital gana terreno
La apuesta tira de nostalgia, eso está claro, pero no es la única que hemos visto responder a este cambio social. Cada vez asoman más “teléfonos tontos” y otros que se quedan a medio camino. Ahí está el reciente regreso de Commodore con su teléfono tipo concha y Sailfish OS, que bloquea las redes sociales pero deja usar apps como Google Maps o WhatsApp. Y Nokia, de la mano de HMD, no ha parado de lanzar feature phones. El último, un Nokia 300 Charge capaz de hacer de powerbank gracias a su batería de 3.700 mAh, que da para más de 40 días.
El nicho también tiene sitio para formatos más atrevidos. El Light Flip plegable elimina el factor táctil de la pantalla, mientras que el Minimal Phone 2 combina teclado físico con pantalla OLED y un sistema que limita el tiempo de uso diario. Incluso hay propuestas intermedias como la de Hisense, un híbrido de tinta electrónica pensado para cuidar la vista al que se le puede acoplar una pantalla LCD magnética solo cuando toca ver contenido multimedia.
Mientras casi todos miramos hacia los agentes de IA como la próxima frontera de nuestros móviles, existe una resistencia paralela que prefiere usar el teléfono para lo que fue concebido: llamar y mensajear. Todo por desconectar y reconectar con otras cosas.
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Imagen: xatakamovil.com
