Kids Act es el nombre del proyecto europeo que quiere cambiar por completo la manera en que las redes sociales tratan a los menores, y de paso, también a los adultos. Durante años ha bastado con escribir una fecha de nacimiento cualquiera para entrar en cualquier plataforma. Nadie comprobaba nada. Esa costumbre tiene los días contados, al menos según lo que plantea la Comisión Europea con esta nueva propuesta de reglamento presentada en el marco del Estado de la Unión.
Qué propone realmente la Kids Act
La idea de fondo es sencilla, aunque su aplicación no lo sea tanto. La protección de los menores se articula en tres frentes distintos. Por un lado, restricciones de acceso donde la responsabilidad recae sobre las plataformas. Por otro, un refuerzo del papel de los padres con cuentas supervisadas y controles parentales. Y por último, la obligación de diseñar las redes pensando en el efecto que provocan en los más jóvenes.
Los límites cambian según la edad. Los menores de 13 años no podrán tener cuentas, salvo en servicios de vídeo pensados para niños y siempre a través de la cuenta de un tutor. Entre 13 y 15 años entran las llamadas mini cuentas, supervisadas por los padres, con funciones recortadas y un máximo de una hora al día. A partir de los 15 ya se permite abrir una cuenta propia, aunque hasta los 18 las plataformas tendrán que ofrecer un entorno seguro desde el diseño.
La verificación de edad es el punto clave. Se acabó lo de marcar la casilla del “sí, tengo más de 18 años” y entrar sin más. Europa contempla herramientas de comprobación respetuosas con la privacidad, aunque todavía no está del todo claro cómo funcionarán. Lo que sí se sabe es que el sistema deberá ser seguro, auténtico y privado.
Una barrera que también afecta a los adultos
Aquí llega la parte incómoda. Si las plataformas tienen que asegurarse de que un usuario tiene edad suficiente, esa comprobación acaba tocando a todo el mundo. Igual que el DNI sirve para demostrar la edad al comprar alcohol o tabaco, las redes sociales pedirán una prueba equivalente antes de dejarnos pasar. No es el objetivo principal, pero es una consecuencia directa.
La Kids Act no se limita a las redes. Alcanza también a plataformas de vídeo, videojuegos online, chatbots y compañeros de inteligencia artificial. Ni las tiendas de aplicaciones ni los sistemas operativos se libran. Las grandes compañías deberán demostrar de antemano que sus servicios son seguros, y Europa quiere procedimientos de investigación rápidos, de hasta 90 días, apoyándose en las estructuras que ya existen con la DSA y la Ley de Inteligencia Artificial.
Por ahora todo esto sigue siendo un proyecto. Deberá negociarse y aprobarse en el Parlamento Europeo y el Consejo antes de tener una fecha de entrada en vigor. Quedan meses, quizá años, por delante.
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Imagen: xatakamovil.com
