Alejarse de Google era, hace años, casi un deporte para quien tenía un móvil Android. Bastaba con flashear una ROM distinta y aparecía un sistema limpio, rápido, sin rastro de la compañía. Aquel primer HTC Magic que llegó a España no era una bestia de potencia, pero sí abrió los ojos ante lo que ofrecía Android en aquellos inicios: libertad y versatilidad. Hoy, sin embargo, todo se ha dado la vuelta.
Cuando salir de Google era lo recomendable
Google supo convertir Android en su particular caballo de Troya. Al ser un sistema con base abierta, y al suponer un ahorro enorme para los fabricantes, terminó colándose en los bolsillos de miles de millones de personas. Con el móvil llegaron Maps, Gmail, Google Play Store, Drive y toda una constelación de servicios que se volvieron imprescindibles y que, de paso, le reportaron a la empresa un beneficio gigantesco.
Fueron los buenos tiempos de las ROMs cocinadas, cuando muchos pasaban más horas experimentando con flasheos que usando el propio teléfono. Tocar el kernel, ajustar el governor, probar una ROM tras otra. Las Google Apps llegaban aparte, sobre todo después de aquel golpe a CyanogenMod en 2009, cuando la empresa dejó claro que sus aplicaciones y servicios no se tocaban. CyanogenMod fue de las más populares y garantizaba un Android limpio y fluido. Con los años perdió fuelle, la compañía que lo respaldaba cerró en 2016 y la comunidad lo rebautizó como LineageOS.
La comodidad tiene su precio
En la década de 2010 se podía tener muy buen software sin Google. Hoy también existen alternativas como GrapheneOS, /e/OS o CalyxOS, distribuciones estables y mantenidas, aunque limitadas a un puñado de modelos compatibles. El problema es doble: el conocimiento de la escena Android ya no es masivo y tanto Google como los fabricantes casi han erradicado la experimentación. El bootloader abierto ha pasado a un segundo plano y la mayoría de marcas opta por cerrarlo.
La conclusión salta a la vista. Si antes tenías un Android mejor fuera de Google que dentro, ahora ocurre justo lo contrario. Quien se queda paga con sus datos, quien se va paga con dinero y fricción. Móviles compatibles contados con los dedos, apps bancarias que se niegan a arrancar, esperas de 24 horas para instalar un APK que antes bajabas en segundos. Basta con preguntárselo a Huawei, cuya mejor baza en Occidente ha sido allanar el terreno a la instalación de las Google Apps.
Las ROMs no murieron solo porque Google cerrase puertas. Murieron porque el Android oficial se volvió demasiado bueno. Aquel HTC Magic enseñó que la libertad era parte del sistema, justo lo que Android ha sacrificado por el camino. La comodidad nunca sale gratis.
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Imagen: xatakamovil.com
