Llamar a la atención al cliente y descubrir que al otro lado hay un voicebot de IA se ha vuelto de lo más común. Hasta hace poco era algo que asociábamos a los chats, no a una llamada de voz, donde uno espera que responda una persona de carne y hueso. Pues bien, las cosas han cambiado y ahora mismo esa voz que atiende podría estar generada por una inteligencia artificial, y a veces cuesta bastante darse cuenta.
El fenómeno ha crecido mucho en los últimos meses. Tanto que hay gente que cuelga sin tener claro si estaba hablando con un robot, con alguien que no le entendía del todo o con vete a saber qué. Por eso conviene repasar las señales que suelen delatar a estos sistemas y qué hacer cuando confirmas que estás tratando con una máquina.
¿Estoy hablando con una IA o con un humano?
Aunque cada vez resulta más difícil distinguirlo, todavía quedan pistas que ayudan a detectar a una IA en atención al cliente. La primera tiene que ver con la velocidad. La voz responde demasiado rápido y demasiado bien. No duda, no se traba, casi nunca se queda pensando. Todo suena muy fluido, quizá incluso demasiado perfecto. Una persona normal se equivoca alguna vez, cambia el tono, improvisa. Y ojo, también puede pasar lo contrario, que por problemas de conexión la voz generada por IA tarde una eternidad en contestar o se detenga raro entre frases. La clave está en los extremos, si notas algo demasiado perfecto o demasiado imperfecto, probablemente no sea humano.
Otra cosa que canta mucho es lo que ocurre cuando te sales del guion. Explicas el problema de manera desordenada, sueltas una broma o cambias de tema de golpe, y muchas veces la voz empieza a repetir lo mismo o intenta devolverte al menú inicial. Ahí queda claro que no entiende de verdad la conversación, sino que sigue un sistema preparado para ciertas respuestas concretas. Un humano igual no se ríe con el chiste, vale, pero desde luego no te va a hablar como si se estuviera reiniciando.
Las pausas también son una pista bastante típica. Estas voces ya suenan muy naturales, es cierto, pero todavía hacen silencios algo extraños, demasiado medidos. A veces da la sensación de que se toman exactamente el mismo tiempo para pensar antes de cada respuesta, como si hubiera un reloj interno marcando el ritmo.
Y luego están los casos en los que hablan tan natural que la única manera de salir de dudas es preguntar directamente. Algunas empresas te avisan sin rodeos de que estás hablando con un asistente virtual, mientras que otras prefieren que todo parezca una conversación completamente humana. Ahí, si tienes la duda, lo más práctico es soltar la pregunta y ver qué pasa.
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Imagen: hardzone.es
