Los trackballs para gaming han vuelto a asomar la cabeza en estos últimos meses, sobre todo por la cantidad de modelos nuevos que han ido apareciendo, todos prometiendo ser lo mejor para jugar. Y sin embargo hay un detalle que salta a la vista enseguida: los jugadores profesionales casi nunca los usan. Ahí es donde empieza lo interesante.
La pregunta que ronda a mucha gente es sencilla. ¿De verdad merecen la pena estos periféricos o estamos ante una moda que durará cuatro días? Vale la pena mirar con calma sus ventajas y desventajas, porque puede que para cierto tipo de usuario sí sean el mejor ratón posible en el día a día, aunque no lo sean para todo el mundo.
Ventajas y desventajas de los trackballs
Si uno se para a pensarlo, los trackballs son de esos aparatos que siempre han estado ahí, en un rincón, pero nunca han sido la opción por defecto para jugar. Lo curioso ahora que vuelven a sonar es que el debate no va tanto de si por fin son mejores para gaming, sino de que su manera de mover el cursor es completamente distinta a la de un ratón normal.
La ventaja más evidente, la que nota cualquiera que los prueba, es la comodidad. No hay que arrastrar el ratón por la mesa, así que la mano descansa bastante más. La muñeca se queda fija en un sitio y solo trabajan los dedos, y eso en sesiones largas se agradece muchísimo más de lo que uno imagina al principio. También ayudan si no hay demasiado espacio en el escritorio o si se trabaja en un lugar donde no cabe una alfombrilla grande.
Otra cosa que sorprende es el control fino. Al principio cuesta, no vamos a engañar a nadie, pero cuando llega la costumbre se pueden hacer ajustes muy pequeños con bastante precisión. No es raro encontrar gente que los prefiere para tareas donde toca ir despacio y con cuidado, más que para movimientos rápidos. Y en esto han mejorado mucho respecto a los primeros modelos, esos que tanta gente probó y acabó dejando de lado porque no había forma de acostumbrarse. Ahora, con los distintos diseños y una calidad más cuidada, la historia cambia. Son mucho más precisos, y de ahí que empiece a haber quien piense que pueden funcionar incluso para jugar.
Pero claro, no todo es tan bonito. Cuando entramos en juegos rápidos, del tipo shooters o cualquier cosa donde hay que girar la cámara y reaccionar al instante, ahí es donde el trackball enseña sus límites. Uno puede adaptarse, sí, pero no se siente tan natural ni tan directo como con un ratón de toda la vida.
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Imagen: hardzone.es
