Cansado de que su familia le cogiera la consola sin pedir permiso, un usuario ha convertido su Steam Deck en una especie de fortaleza portátil. La razón detrás de todo esto es tan sencilla como reconocible para cualquiera que comparta sus cosas en casa. Cada vez que quería sentarse a jugar, se encontraba con la batería casi a cero porque alguien la había usado en su ausencia. Y en lugar de esconderla o pedir por enésima vez que no la tocaran, optó por algo bastante más llamativo.
Lo que montó es un sistema de seguridad casero que combina varios elementos poco habituales en el mundo de las consolas portátiles. Empezó fabricando una carcasa personalizada mediante impresión 3D, a la que le añadió varios pinchos. Así, coger la consola deja de ser ese gesto automático de siempre. Quien quiera echarle mano tiene que pensárselo dos veces, porque lo primero que se encuentra es esa protección un tanto peculiar.
Cómo funciona este sistema antirrobo tan particular
El invento no se queda en los pinchos, ni mucho menos. El proyecto suma también un táser y una Raspberry Pi que hace de cerebro y coordina todas las piezas. Entre esos componentes hay una cámara, un altavoz y una alarma, pensados para detectar cuando alguien se acerca demasiado y avisar de que no debería tocar nada.
La lógica es curiosa. El Steam Deck es capaz de identificar a quien intenta cogerlo y reaccionar según la situación. La primera medida es una advertencia por el altavoz, una especie de aviso amistoso antes de ir a más. Si con eso no basta y la persona insiste, entonces entran en escena el resto de elementos de este sistema de seguridad montado a medida.
Visto desde fuera puede parecer una exageración, y en cierto modo lo es, pero también tiene su punto de ingenio. Reúne piezas que cualquier aficionado al bricolaje tecnológico reconocería, la impresión 3D, la placa que lo controla todo, los sensores, y las junta con un objetivo muy concreto. Que nadie vuelva a dejar sin batería una consola que no es suya.
Fuente
Imagen: hardzone.es
