Si la tarjeta gráfica que tienes desde hace tiempo, o la que acabas de comprar, parece no dar todo lo que promete, lo más probable es que haya un ajuste de energía frenándola por detrás. Sí, así de simple. Sin que nadie lo note, la GPU puede estar trabajando por debajo de su capacidad real, aunque tenga músculo de sobra para mucho más. Y casi siempre la culpa la tienen un par de opciones que vienen marcadas de fábrica y que casi nadie se molesta en tocar.
Aquí está el detalle curioso. Esos ajustes vienen activados pensando en el consumo y en la optimización, no en sacarle el máximo partido al hardware. Por eso, en muchos casos, el dinero invertido en una buena gráfica acaba sin reflejarse del todo en pantalla.
Cómo mejorar el rendimiento de la gráfica
Hay varias opciones que podrían estar limitando la GPU, algunas más habituales que otras. Conviene repasarlas todas, porque a veces no es una sola la que molesta, sino dos a la vez. Y cuando se juntan, el bajón de rendimiento se nota el doble. Lo bueno es que cambiarlas no cuesta nada, salvo unos pocos clics.
El primer punto está en el modo de energía de la GPU. Muchas veces el problema no es la gráfica en sí, sino cómo está configurada. Tanto en el panel de NVIDIA como en el software de AMD hay opciones de energía que suelen venir en modos tipo Óptimo o Adaptativo. ¿Qué ocurre con eso? Que la tarjeta baja su potencia para ahorrar energía, incluso cuando se está jugando o ejecutando algo pesado. Al pasar al modo Máximo rendimiento, desaparecen esas caídas raras y la gráfica trabaja de forma mucho más estable, aprovechando todo lo que puede dar. Eso sí, gastará algo más de energía y subirá de temperatura, pero al menos funcionará a tope.
El plan de energía del sistema operativo también pesa
El propio sistema puede estar poniendo freno al equipo sin que nadie se dé cuenta. En Windows, por ejemplo, el plan de energía suele estar en modo Equilibrado, que va bien para el uso de cada día, pero no para exprimir la máquina. Este modo recorta un poco la CPU y otros componentes para consumir menos.
Cambiándolo a Alto rendimiento, el ordenador responde bastante mejor cuando se le pide caña. Y se nota, sobre todo en juegos o en programas exigentes que necesitan toda la potencia disponible. Una diferencia pequeña en apariencia, pero que en la práctica marca el ritmo de todo el equipo.
