El concepto de juego infinito resume bastante bien lo que está pasando en el mundo de los videojuegos durante estos años. Antes la rutina era simple: ir a una tienda, elegir un título, llevárselo a casa y disfrutarlo con calma, sin prisas, hasta llegar al final. Esa costumbre se ha esfumado poco a poco, y hoy los desarrolladores apuntan hacia algo muy distinto.
La llegada de internet lo cambió todo. No solo permitió arreglar problemas después del lanzamiento de un juego, sino también añadir mapas nuevos, expansiones, personajes, modos de juego y prácticamente cualquier cosa que se le ocurra a quien está detrás del proyecto. El resultado es curioso: al comprar un título, ya no sabes ni cómo ni cuándo lo terminarás de verdad.
¿Los juegos ahora son infinitos?
No todos se han vuelto literalmente eternos, pero algo sí ha cambiado de una generación a otra. Antes, cuando terminabas un juego, había una especie de cierre natural: lo habías completado, lo habías vivido entero y pasabas a otra cosa sin demasiadas vueltas. Ahora, en muchos casos, ese cierre ni existe o, como mínimo, ya no importa tanto.
Lo llamativo es que esto no pasa solo porque haya más contenido. El juego está pensado para seguir generando ingresos y para que se siga hablando de él. Aunque tú te vayas, el mundo sigue ahí: cambian las temporadas, aparecen eventos, se reajustan cosas, y cuando vuelves ya no es exactamente lo que dejaste. Eso genera una sensación rara, como si siempre estuvieras llegando tarde a algo. Pasa con casi todo, desde un simple Pokémon GO hasta un juego de cartas como Magic, o un COD al que no paran de meter mapas nuevos. Crees que lo conoces de cabo a rabo, pero pasas 1 año sin entrar y ya es otra cosa completamente distinta, imposible de completar del todo.
Cómo ha cambiado la forma de engancharnos
También ha cambiado el motivo por el que seguimos pegados a la pantalla. Ya no es tanto la historia principal lo que te retiene, sino pequeñas razones para entrar cada día o cada semana. A veces es una recompensa, a veces jugar con amigos, a veces simplemente no perder el hilo de algo que ya empezaste. Y sin darte cuenta, el juego deja de ser algo puntual para convertirse en una rutina más, casi por obligación. Nada que ver con antes, cuando entrabas solo cuando te aburrías o de verdad te apetecía.
Tampoco hay que exagerar: no todo ha cambiado por completo. Todavía existen juegos que empiezan y acaban, con ese ritmo clásico de siempre. Lo que ocurre es que comparten espacio con otros que no tienen un final claro, y eso hace que la manera de jugar sea más variada y, a la vez, también más dispersa.
Fuente
Imagen: hardzone.es
