El fin de los discos físicos se ha convertido en el tema que ocupa casi todas las conversaciones entre jugadores, y desde que Sony dejó caer que abandonaría la venta de juegos en formato físico, la comunidad no ha parado de dividirse. Hay quien lo ve como un desastre y quien, en cambio, sostiene que podría traducirse en algo positivo para el bolsillo. La idea que más ruido está haciendo es sencilla, casi tentadora: sin discos que fabricar, el precio de los juegos digitales podría bajar.
La discusión no es tonta, y tiene argumentos de peso en las dos direcciones. Por un lado, están los que critican la decisión porque creen que concentra demasiado poder en manos de una sola empresa. Adiós a la segunda mano, adiós a ciertas ofertas, adiós a la posibilidad de prestarle un juego a un amigo. Por el otro, aparecen los optimistas, convencidos de que al recortar costes de producción, envío y almacenamiento, los precios acabarán cediendo.
El fin de los juegos físicos es bueno o malo
Difícil dar una respuesta rotunda, la verdad. Tiene lógica pensar que si Sony deja de producir discos se ahorrará un buen dinero en fabricación, transporte, almacenamiento y distribución. Y parte de ese ahorro, al menos sobre el papel, podría llegar hasta los jugadores en forma de precios más bajos. Esta es precisamente una de las ideas que defiende Jacob Navok, antiguo ejecutivo de Square Enix. Según él, al volcarse en las ventas digitales las compañías tendrían que competir más entre sí para atraer compradores, lo que abriría la puerta a más descuentos en la PlayStation Store.
Y sí, sería una noticia estupenda. Si un juego que hoy cuesta 80 euros empezara a abaratarse más rápido, pocos se echarían las manos a la cabeza. El detalle incómodo es que nadie garantiza nada. Que fabricar y distribuir un disco tenga un coste no significa que las empresas vayan a trasladar ese ahorro al precio. También pueden quedarse con un margen de beneficio mayor y punto.
Lo que se perdería por el camino
Hay algo que resulta todavía más delicado en todo este asunto: las oportunidades de compra se reducirían muchísimo. Ahora mismo, si a alguien le apetece hacerse con un juego de PS5, tiene varias cartas sobre la mesa. Puede comparar tiendas, esperar a una rebaja, tirar de segunda mano o incluso pillarlo mucho más barato meses después del lanzamiento. Con un mercado totalmente digital, todo ese abanico se estrecha.
El riesgo es evidente. Si la única opción posible es comprarle el juego directamente a ellos, podrían no tener ningún incentivo real para bajar el precio. Nada de encontrarlo usado, nada de que un amigo te lo deje, nada de márgenes de maniobra. Y eso, según los más críticos, podría reventar por completo el mercado tal y como lo conocemos.
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Imagen: hardzone.es
