La DXRacer Martian Pro es una de esas rarezas que aparecen de vez en cuando en el mundo de las sillas gaming, un mercado donde la mayoría de modelos se parecen tanto entre sí que cuesta distinguir uno de otro. Aquí, en cambio, DXRacer ha decidido hacer algo distinto, una silla eléctrica con reclinación motorizada, apoyo lumbar que se mueve solo y, ya puestos, función de masaje, ventilación y calefacción en el asiento. La probamos a fondo y estas son nuestras impresiones.
La filosofía detrás de este modelo es fácil de resumir, meter todo lo posible y ver qué sale, pero hecho con cabeza. Y hay que reconocer que el resultado convence. No solo por las funciones eléctricas, sino porque los materiales y la robustez están a la altura de lo que se espera de una silla que no baja de los 700 euros. Es un producto pensado para quien lo quiere todo, aunque el precio deja claro que no es para cualquier bolsillo.
Especificaciones, versiones y precios de la Martian Pro
Antes de entrar en detalles conviene aclarar que hay varios modelos. Existen dos tamaños, el Regular / L, recomendado para personas por debajo de 1,80 metros, y el Plus / XL, pensado para quienes superan esa altura. Ambos aguantan hasta 125 kilos, aunque cambian ligeramente sus dimensiones. Y conviene decirlo desde ya, el modelo XL acomoda sin problema a un jugador de la NBA.
También cambia el acabado exterior. Hay una versión EPU Leatherette, en piel sintética, con tres opciones de color, y otra Woven Fabric, de tela, disponible solo en negro. Entre los modelos de piel sintética están el negro normal, el Black Martian Pro y el Black Red Martian Pro, este último con detalles en rojo para darle un aire diferente.
Aquí hay una diferencia importante. El modelo negro a secas tiene reclinación y lumbar eléctricos, pero se queda sin ventilación ni calefacción, funciones reservadas a los modelos Black Martian Pro y Black Red Martian Pro. Los precios acompañan esas diferencias, el modelo de tela cuesta 699 euros en talla L y 729 euros en XL. El de piel sintética sube a 729 euros en el Black normal y llega a 899 euros en los otros dos. En nuestro caso, DXRacer envió el tope de gama, el Black Red Martian Pro en tamaño XL.
En lo estructural encontramos acero de grado automotriz, base de aluminio, relleno de espuma en frío X-COMFORT de doble densidad, cojín cervical magnético de memory foam y reposabrazos 4D que se colocan casi en cualquier posición. Un detalle que gusta, la parte superior de los reposabrazos es magnética y se quita y pone, algo práctico porque suele ser lo primero que se estropea.
Y hay un elemento que marca la diferencia, una batería de 5.000 mAh que permite usar todas las funciones eléctricas sin estar enchufada a la corriente, aunque también se puede conectar. La reclinación funciona con un pequeño motor y el apoyo lumbar mediante una serie de airbags, literalmente. Permite ajuste en altura, balanceo de 15 grados con bloqueo y un respaldo reclinable, además de un reposapiés que se compra aparte si se quiere.
Unboxing y montaje, primeras sensaciones
Estamos ante una silla enorme, y su embalaje lo deja claro, una caja de cartón grande y pesada, en torno a los 40 kilos, por lo que lo recomendable es moverla entre dos personas. Al abrirla aparece una cartulina brillante que por detrás incluye las instrucciones de montaje.
Cada pieza viene protegida de forma individual e inteligente, garantizando que nada se dañe en el transporte. El respaldo es grande, de piel sintética perforada con toques rojos, y rezuma calidad por todos lados, desde las costuras hasta el tacto de la piel. Trae ya incorporado el mecanismo de reclinado con su cable de conexión. La parte trasera es más sobria, lisa y en negro salvo por el bordado del nombre.
El asiento mantiene la misma estética y llega con los reposabrazos instalados de fábrica. En un lateral hay dos botones, uno para la ventilación y otro para la calefacción, cada uno con tres niveles de intensidad marcados por LED. En la zona inferior se esconde lo interesante, el puerto de conexión eléctrica y una especie de cortina sujeta con tres imanes que deja espacio para montar la batería y ordenar los cables, todo colocado con mucha cabeza.
El resto de componentes llegan en cajas separadas, la base de aluminio en estrella, la batería con su conector, y las ruedas, el pistón y las levas junto a la única herramienta necesaria para montarlo todo. El proceso de montaje es bastante típico y la única diferencia real frente a una silla convencional está en las conexiones eléctricas, que tampoco tienen mucho misterio. El fabricante ofrece un vídeo bastante claro para guiar cada paso.
Fuente
Imagen: hardzone.es
