Muchos usan ChatGPT a diario sin saber que llega configurado de fábrica con opciones que dejan al descubierto más datos personales de lo que uno imagina. Y hay algo más: por defecto viene con una personalidad que puede resultar cargante si no se pone algún límite. Antes de seguir escribiéndole preguntas cada mañana, vale la pena detenerse en cinco puntos concretos. Hablamos del entrenamiento del modelo, la personalización del tono, la memoria, los enlaces compartidos y la verificación en dos pasos de la cuenta.
La cosa funciona así: OpenAI usa cada conversación como material para entrenar sus próximos modelos, salvo que decidamos lo contrario desde los ajustes. A eso se suma un tono que, según qué versión, todavía cuela emojis en listas y comparaciones. Y luego está la memoria, que va acumulando datos personales de una charla a otra. Estos menús cambian con cierta frecuencia porque OpenAI toca la interfaz de forma constante, así que conviene echarles un vistazo de vez en cuando.
Qué cuenta hace falta y cómo llegar a los ajustes
Buenas noticias para quien no paga suscripción: estos ajustes están disponibles tanto en la versión gratuita como en las de pago, y se gestionan igual desde el navegador o desde la aplicación móvil. No hace falta ningún plan concreto. Todos los controles que vamos a repasar viven dentro del menú de Configuración, al que se llega pulsando sobre la foto de perfil, en la esquina de la pantalla.
Antes de tocar la verificación en dos pasos conviene tener a mano el correo o el teléfono asociado a la cuenta, porque el proceso pide confirmar la identidad por esa vía. Otra idea sensata: revisar qué dispositivos tienen la sesión abierta antes de cambiar los ajustes de seguridad. Así se evita que alguien con acceso previo revierta lo que acabamos de configurar.
Entrenamiento, tono y memoria: los tres puntos clave
El primero de todos, y quizá el más importante para quien maneja información delicada, es el entrenamiento del modelo. Por defecto OpenAI usa todo lo que escribimos, en cuenta gratuita y de pago, para alimentar sus futuros modelos. Ahí caben datos profesionales, personales o simplemente confidenciales compartidos sin pensarlo dos veces. El cambio se hace desde Configuración, dentro de Controles de datos, donde aparece la opción para desactivar el historial de chat y ese uso de las conversaciones. Basta con apagarla y el efecto se extiende también a las grabaciones de audio o vídeo enviadas al chatbot. A partir de ahí, todo queda dentro de la cuenta y no viaja hacia los servidores de desarrollo.
Segundo asunto: el tono. Los modelos recientes ya no abusan del emoji como hace un año, pero siguen colándolo si no se les dice lo contrario. ChatGPT no tiene deslizadores ni botones para fijar un nivel exacto. La única vía es escribir esas preferencias en las Instrucciones Personalizadas, un cuadro de texto libre dentro de Configuración, en el apartado Personalizar ChatGPT. Ahí valen indicaciones como «no uses emojis en tus respuestas» o «responde con un tono profesional y directo, sin exclamaciones». Cuanto más concretas, mejor las respeta. Funciona más pedir «evita los emojis salvo que te los pida expresamente» que un simple «sé más serio».
Y el tercero, la memoria. ChatGPT guarda un resumen que va creciendo con cada conversación: el nombre, dónde vivimos si lo hemos mencionado, gustos, preferencias y cualquier detalle que haya considerado relevante. Esa memoria se mantiene activa entre chats distintos, así que conviene comprobar de vez en cuando que lo que recuerda sobre nosotros sigue siendo cierto.
Fuente
Imagen: softzone.es
