Pocas cosas irritan tanto como estar en plena partida online o en una videollamada importante y ver que la imagen se congela sin previo aviso. La lentitud del Wi-Fi en casa es uno de esos fastidios cotidianos que golpean justo cuando pagamos una fibra que promete velocidades enormes pero que, en el día a día, parece arrastrarse. La buena noticia es que casi siempre hay margen para mejorar, y el primer paso es acertar con el diagnóstico. Conviene separar si el problema afecta a toda la casa o solo a un dispositivo concreto, porque de ahí sale la solución.
Por qué la conexión inalámbrica va tan lenta
A veces el móvil marca todas las rayas de señal y aun así las páginas no cargan. El culpable suele ser la saturación de la red. Y no hablamos solo de cuánta gente está conectada, sino de lo que hace cada uno. Si alguien descarga juegos pesados o usa clientes P2P como Bittorrent, acapara casi todo el ancho de banda y deja al resto con las migajas. Luego están las interferencias electromagnéticas, esas que provocan el microondas, los teléfonos inalámbricos antiguos o incluso los monitores de bebés, que trabajan en frecuencias parecidas al Wi-Fi. En bloques de pisos se suma otro clásico, el solapamiento de canales, así que elegir el canal más estable ayuda bastante.
El router también tiene mucho que decir aquí. El equipo básico que dan las operadoras se satura enseguida cuando se conectan demasiados dispositivos inteligentes, y con el calor del verano puede sobrecalentarse y bloquearse. El truco más viejo y más eficaz sigue siendo el reinicio de 30 segundos, apagándolo y desenchufándolo para que al arrancar busque el canal menos congestionado. Un reset de fábrica limpia configuraciones erróneas, aunque perderás la contraseña personalizada.
Cómo optimizar bandas, cobertura y seguridad
Saber diferenciar las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz cambia mucho las cosas. La de 2,4 llega más lejos y atraviesa mejor los muros, pero es más lenta. La de 5 GHz vuela, aunque no tolera bien los obstáculos. Lo lógico es enchufar consola o TV a la de 5 GHz si están cerca del router, y dejar la de 2,4 para domótica o habitaciones lejanas. Y por favor, nada de esconder el aparato en un armario o en el suelo. Debe ir en un punto céntrico, a metro y medio de altura, lejos de superficies metálicas o paredes de piedra.
Cuando la casa es enorme o tiene muros de hormigón, los repetidores básicos se quedan cortos porque suelen recortar el ancho de banda a la mitad. Ahí entran los sistemas Wi-Fi Mesh, que crean una burbuja de cobertura uniforme, y los adaptadores PLC, ideales para gamers, que llevan la señal por el cableado eléctrico. También conviene descartar que un vecino nos esté robando conexión, usando protocolos modernos como WPA3 y cambiando la clave cada cierto tiempo. Si solo falla una web concreta, quizá su servidor esté saturado, y para dudas con la línea lo mejor es un test de velocidad comparado con lo que marca la tarifa contratada.
Fuente
Imagen: androidayuda.com
