Realidad aumentada interactiva es la tecnología que está empujando las pantallas tradicionales hacia un lugar completamente nuevo, y no hablamos de poner orejas de conejo en un selfie. Hablamos de meter elementos digitales dentro del entorno real, de cambiar la forma en que se aprende, se compra o se trabaja. Lo virtual deja de estar atrapado detrás del cristal y se vuelve, en cierto modo, tangible.
Para que todo esto no se convierta en un caos visual existe ARCore, el motor de Google que se encarga de que el móvil entienda dónde está y qué tiene delante. Gracias a esa base se pueden crear manuales interactivos o clases de historia donde las pirámides de Egipto aparecen en mitad del salón, con una fluidez que hace pocos años habría sonado a ciencia ficción.
Cómo funciona ARCore por dentro
ARCore es, básicamente, el motor que permite a los desarrolladores levantar experiencias inmersivas de RA. A diferencia de opciones más cerradas, brilla por su compatibilidad con varios motores de juego y dispositivos Android. Su magia descansa en tres pilares. El primero es el seguimiento del movimiento, que indica al dispositivo cómo se desplaza el usuario por el espacio. El segundo es la comprensión del entorno, capaz de detectar superficies planas como una mesa o el suelo para que el objeto 3D se apoye donde debe en lugar de flotar en el aire. Y el tercero es la estimación de la luz, que ajusta la iluminación del objeto virtual a la luz real de la habitación para evitar ese efecto de pegote que delata lo falso.
Quien se mueve en terreno de programación tiene Jetpack XR, con capacidades de percepción muy potentes para visores de realidad extendida y lentes con cable. Permite recuperar datos de planos, anclar contenidos en puntos fijos del espacio e incluso usar la postura geoespacial para vincular un objeto a un lugar exacto del mapa. Algo perfecto para guías turísticas con Google Maps y RA o juegos urbanos. Eso sí, la sesión se crea pasando la actividad al método correspondiente, y si la actividad se destruye, todo el contenido de RA desaparece de golpe.
Sin código y dentro del aula
No todo el mundo programa en Kotlin o Java, y ahí entran las plataformas no-code. KAYROX, por ejemplo, deja crear y publicar experiencias inmersivas sin escribir una sola línea de código. Sirve para manuales aumentados de teleasistencia, donde un experto guía a un operario en tiempo real, o para visitas inmobiliarias en 360 grados. Hay más opciones, como Appy Pie, Zappar con ZapWorks o Blippar para empresas e instituciones.
El sector que más está brillando es la educación. Sustituir un libro plano por el ciclo del agua interactivo o el sistema solar en 3D cambia las reglas. Civilisations AR mete al docente en escenarios históricos descargables, SketchAR proyecta contornos sobre el papel para mejorar el trazo y ClassVR combina hardware y software con CoSpaces o TinkerCad.
Frente a frente están ARCore y ARKit. ARKit es exclusivo del ecosistema Apple, compatible desde iOS 11. ARCore es más abierto, funciona en Android e iOS y se integra con motores populares. Para el usuario final hay dos caminos, las apps nativas como la de IKEA, que obligan a descargar software, y las soluciones WebAR, que dejan interactuar con el objeto 3D directamente desde el navegador.
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Imagen: androidayuda.com
