Los cables submarinos que conectan Ceuta y Melilla con la Península son la parte más olvidada de un debate que suele centrarse en la frontera terrestre. Sin embargo, ahí abajo, en el fondo del mar, se juega buena parte de la seguridad digital de ambas ciudades autónomas. Toda la información, las llamadas, los datos que circulan cada día dependen de un puñado de enlaces tendidos sobre el lecho marino. Y según un informe del Observatorio de Ceuta y Melilla junto al Instituto de Seguridad y Cultura, esa infraestructura presenta vulnerabilidades más que evidentes.
Lo preocupante es el momento. Con los sabotajes que han disparado las alarmas en zonas como el mar Báltico, el suelo oceánico se ha convertido en un tablero para la llamada guerra híbrida. Quien controla estos cables controla el flujo de información, y eso ya no es un asunto menor sino una cuestión de Estado.
Una situación muy desigual entre las dos ciudades
La foto no es la misma en ambos lados. Ceuta cuenta con una infraestructura bastante más sólida, después de sumar al cable LINCE del 2008 y al CES del 2014, ambos de Telefónica, el sistema Dos Continentes de Gtd España, que llegó en el 2020, además del nuevo enlace eléctrico de Redeia. Melilla, en cambio, va con lo puesto. Su conexión depende del cable CAM del 2014 y del viejísimo ALME, tendido en 1990, que ha superado en más de una década su vida útil y pide un reemplazo urgente.
El informe del ISC avisa de que estas instalaciones pueden convertirse en objetivo de operaciones hostiles y acciones en zonas grises. Marruecos aparece señalado como el principal rival en el Estrecho, donde la competencia entre estados genera problemas constantes. Desde Telefónica insisten en que tienen redundancia y capacidad para mantener el servicio, y prefieren no entrar a valorar escenarios de conflicto.
Qué se está moviendo para blindar la red
España no se ha quedado quieta. La Estrategia Nacional de Seguridad Marítima del 2024 ha subido el nivel de alerta sobre esta red. Y a nivel europeo la respuesta ha sido destinar varios millones de euros para montar centros de vigilancia de cables en el Mediterráneo, con la idea de detectar e intervenir ante cualquier anomalía.
Hay además un detalle curioso. El informe de Rafael García Pérez destaca el potencial de la tecnología DAS, la detección acústica distribuida, que convierte la fibra óptica en una especie de micrófono submarino capaz de captar la firma acústica de submarinos o barcos. Una ventaja nada despreciable para vigilar el tráfico en el Estrecho de Gibraltar.
Queda el problema de fondo. A escala global, las telecos han cedido el mando de estas autopistas de datos a los gigantes tecnológicos, lo que deja a Europa dependiendo de flotas extranjeras para instalar y reparar los cables. Los expertos lo tienen claro: España debe reforzar su redundancia, instalar un nuevo cable eléctrico y de fibra en Melilla y proteger los puntos de amarre en la costa.
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Imagen: xatakamovil.com
