Abrir aplicaciones en Windows 11 podría volverse notablemente más ágil gracias a un cambio que Microsoft acaba de introducir en el sistema. Se trata de una ampliación de la tecnología conocida como Low Latency Profile, pensada para dar un pequeño impulso al procesador justo en el momento en que se inicia un programa. Nada de rendimiento permanente, sino un empujón puntual cuando de verdad hace falta.
La novedad llega dentro de las actualizaciones del Patch Tuesday de agosto de 2026 y apunta directamente a un grupo muy concreto de usuarios. Quienes trabajan con ordenadores antiguos o con procesadores poco potentes serán los que más lo agradezcan. Porque en esos equipos, unos segundos de más cada vez que se abre una app terminan pesando en la sensación general de fluidez.
Un empujón de potencia justo cuando el sistema lo necesita
El funcionamiento es bastante sencillo, la verdad. Cuando el usuario realiza una acción que exige una respuesta rápida, Windows 11 puede subir de forma temporal la frecuencia de la CPU hasta su nivel máximo. Terminada la tarea, el procesador vuelve solo a su comportamiento de siempre. Ni configuraciones raras ni ajustes manuales de por medio.
Microsoft ya había empezado a usar esta tecnología durante el pasado mes de junio, aunque de manera bastante limitada. Al principio solo afectaba a ciertos elementos de la interfaz, cosas como el menú Inicio, Windows Search o el Centro de notificaciones. Con esta actualización el mismo comportamiento se extiende ahora también al lanzamiento de programas.
En la práctica, quiere decir que al hacer clic sobre una aplicación Windows le regala durante unos instantes más rendimiento de la CPU, lo justo para que el programa esté disponible antes. No es un aumento estable de la potencia del ordenador, insistimos, sino un impulso puntual pensado para reducir la latencia.
Los equipos antiguos, los grandes beneficiados
La mejora no se nota igual en todas partes. En un PC moderno, con un procesador potente y almacenamiento rápido, las aplicaciones ya se abren bastante deprisa, así que probablemente el usuario apenas aprecie diferencias. Ahí el margen de mejora es mínimo, casi imperceptible.
La cosa cambia en los equipos con hardware más modesto, donde el tiempo de arranque de ciertos programas puede ser mucho mayor. Y aunque el ahorro en cada apertura parezca minúsculo, Microsoft busca precisamente eso, mejorar la sensación de respuesta general de Windows 11. Cuando alguien abre decenas de aplicaciones a lo largo del día, esos pequeños intervalos acaban sumando y se notan.
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Imagen: softzone.es
