Cuando llega el momento de ampliar el espacio de tu ordenador, la elección entre un SSD y un HDD de 4TB de almacenamiento no se reduce a mirar el precio. Hay otra cosa que pesa mucho más, y es el tipo de datos que vas a guardar dentro, además del rendimiento que necesitas y de las aplicaciones que vayas a mover con esa unidad. Parece un detalle menor, pero marca la diferencia.
Si la idea es usar esa unidad de 4TB, o incluso una de menor capacidad, como una biblioteca de juegos, lo primero que viene a la cabeza es que toca un SSD sí o sí. Y bueno, casi siempre es así. Pero no siempre. Todo depende del tipo de juegos a los que se juegue, valga la redundancia. Hay títulos que perdonan, y otros que no.
SSD: el estándar obligatorio en los videojuegos actuales
Meter un juego triple A en un disco duro mecánico no es solo cuestión de aguantar pantallas de carga eternas. El problema va más allá y golpea de lleno la jugabilidad. Aparecen tirones, lo que se conoce como stuttering, texturas que tardan en cargarse o que directamente no aparecen, y hasta fallos en el sonido. Una experiencia bastante frustrante, la verdad.
Por eso casi todos los juegos triple A que llegan al mercado, por no decir todos, ya no recomiendan un SSD como algo opcional. Lo piden como requisito mínimo para poder mover el título. Y la razón tiene nombre propio, DirectStorage, una tecnología que solo funciona en unidades SSD. Crimson Desert, igual que tantos otros lanzamientos, necesita un SSD para arrancar y rendir como debe.
Sin DirectStorage el proceso es lento y poco elegante. Cuando un juego necesita cargar una textura, los datos los descomprime la CPU para luego mandarlos a la VRAM de la tarjeta gráfica. El asunto es que los procesadores no están pensados para tragar grandes cantidades de datos, sino para tareas lógicas complejas. De ahí venían esos pasillos interminables o los ascensores que tardaban una eternidad en muchos juegos. Eran una excusa, un truco para ganar tiempo y dejar que la siguiente fase terminara de cargar.
Con DirectStorage la cosa cambia bastante. Se libera a la CPU y se monta una especie de autopista directa entre el almacenamiento y la tarjeta gráfica, que pasa a ser la encargada de descomprimir los datos del juego. A diferencia de las CPU, las GPU sí están diseñadas específicamente para esa tarea. Y hay otro punto a favor que conviene no pasar por alto. Los SSD pueden procesar miles de peticiones de datos a la vez, algo que un HDD ni se plantea, porque solo puede leer una fila de datos cada vez. El cabezal que lee la información es uno solo y no se multiplica, así de simple.
