Los planes de energía ocultos de Windows son una de esas funciones que casi nadie conoce, pero que pueden marcar la diferencia entre un portátil que dura horas y uno que se queda sin batería en un suspiro. Cada vez que instalamos Windows, ya sea en un portátil o en un ordenador de sobremesa, el sistema de Microsoft crea por defecto tres planes pensados para cubrir lo básico. El problema es que no muestra todo lo que realmente tiene bajo el capó, porque escondidos hay más ajustes que permiten cambiar el comportamiento del procesador.
Antes de meternos en lo oculto, conviene repasar qué ofrece Windows de serie. El primero es el modo Economizador, que reduce la velocidad del procesador al mínimo para gastar menos energía, sin importar la tarea que se esté ejecutando en ese momento. Luego está el modo Equilibrado, el que trae recomendado por defecto tanto en portátiles como en sobremesa. Aquí es Windows quien ajusta solo la velocidad del procesador según lo que necesita el equipo, sin que el usuario tenga que mover un dedo. Y por último el modo de Alto rendimiento que, como su nombre deja claro, mantiene el procesador siempre a tope, funcionando a su máxima velocidad de reloj. A menos que se quiera usar toda la potencia del equipo de forma constante, no es buena idea dejarlo activado siempre.
Cómo mostrar todos los perfiles de energía escondidos
Con estos tres planes de energía predeterminados basta para la mayoría de la gente. Pero si se quedan cortos, Windows guarda 5 opciones adicionales para modificar el perfil de funcionamiento del procesador, ya sea para alargar la vida de la batería o para sacarle el máximo partido al chip cuando toca rendir de verdad.
El detalle es que, igual que ocurre con otras funciones del sistema, para acceder a estos perfiles hay que pasar por el registro de Windows y hacer un pequeño cambio. Y aquí viene el aviso importante. Antes de tocar nada conviene hacer una copia de seguridad del registro, así se puede restaurar todo si por accidente se modifica algo que no se debía.
Para entrar en el registro de Windows, lo primero es pulsar la combinación de teclas Win+R y escribir regedit, sin las comillas. También sirve teclear directamente regedit en el cuadro de búsqueda. Cuando aparezca la ventana que pide permiso para permitir cambios en el equipo, hay que pulsar en Sí.
Una vez dentro, el siguiente paso es buscar la dirección correspondiente en la barra superior o ir abriendo cada una de las carpetas a mano hasta llegar al punto exacto donde se activan estos perfiles de energía.
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Imagen: hardzone.es
