El debate sobre el formato físico en consolas ha tomado un giro curioso después del anuncio de Sony sobre el final de los discos en PS5. Y buena parte de la discusión parte de una premisa que, hablando claro, es falsa: la idea de que los juegos físicos de PS5, Xbox Series X y Series S se pueden jugar sin más, metiendo el disco y listo. La realidad es bastante distinta a eso.
La creencia de que el disco basta se cae con los números
Pensar que un juego físico va a funcionar sin conexión y sin descargas se ha convertido en un error de bulto, y ahora hay datos que lo dejan bien claro. Un estudio que probó cientos de títulos lanzados en formato físico para PS5, Xbox Series X y Series S y para Nintendo Switch 2 encontró que muchos de ellos, sencillamente, no arrancaban del todo al insertar el disco.
En el caso de Xbox Series X y Series S los resultados fueron llamativos. De los 78 juegos analizados, solo la mitad se podían disfrutar completos y sin limitaciones nada más meter el disco. Un 12% se podía terminar entero, pero con errores o con recortes de contenido. Y un 38% necesitaba un parche para funcionar bien, un parche que había que descargar sí o sí.
PS5 salió algo mejor de la prueba. De 792 juegos analizados, un 34% pidieron una descarga para arreglar fallos que directamente rompían la experiencia o para desbloquear contenido que ni siquiera estaba en el disco. Nintendo Switch 2 fue la que mejor nota sacó: un 75% de los títulos funcionaban del tirón, aunque aquí solo se probaron 48 juegos.
El formato digital ya manda, aunque no todo son buenas noticias
Estos números no deberían sorprender a nadie que haya usado una consola de las dos últimas generaciones. Las descargas, las actualizaciones y las validaciones online se han vuelto pan de cada día. Y hay algo más: existen juegos que, aunque salgan en caja, dentro solo llevan un instalador. Sin internet no sirven de nada. El ejemplo más claro es la versión física de DOOM The Dark Ages, donde el disco es casi una anécdota que contiene un instalador y punto.
El rumbo del sector está marcado por la imposición del formato digital, que lleva tiempo siendo el más popular mientras convive con el físico, ese que sigue gustando cuando llega un juego especial o cuando se quiere una edición de coleccionista.
Aquí no hay vuelta atrás. El digital es el futuro del gaming, guste o no, y la estandarización de ese modelo puede traer consecuencias poco agradables para los jugadores. Los títulos digitales solían ser más baratos que los físicos, y esa ventaja podría desaparecer del todo. Al ser un formato fácil de centralizar, Sony y Microsoft tendrían margen para prácticas de competencia desleal y para disparar precios.
Con el digital dominando también se acaba el mercado de segunda mano y la opción de compartir juegos con los amigos, salvo que las compañías habiliten alguna vía para ello. A esto se suma una mayor dependencia de la conexión y de factores externos, con más posibilidades de que algo falle. Y vuelve la vieja polémica sobre la propiedad real de un juego: al comprarlo, al final solo se paga por un derecho de uso, y si esos títulos llegan a desaparecer no habrá nada que reclamar.
Fuente
Imagen: muycomputer.com
