El Corsair Clipper Pro Mini 60 llega en pleno auge de la tecnología Hall Effect, esa que casi todos los fabricantes se están apresurando a meter en sus teclados, y no por casualidad. Corsair fue de las primeras marcas en apostar por ella, y ahora quiere plantar bandera en el segmento competitivo con un teclado compacto en formato 60% pensado para los jugadores que no se conforman con poco. Lo hemos tenido entre manos y aquí va el veredicto sobre si de verdad cumple lo que promete.
Que sea diminuto no significa que renuncie a nada. Dentro esconde los nuevos interruptores magnéticos Corsair MGX Hyperdrive Core, con tecnología Hall Effect, que dejan de lado el contacto físico tradicional para detectar las pulsaciones mediante un campo magnético. El resultado es doble. Por un lado desaparece el desgaste, lo que dispara la durabilidad hasta los 100 millones de pulsaciones. Por otro, y esto es lo jugoso, se puede ajustar el punto de actuación de cada tecla de forma individual, entre 0,2 y 3,8 mm.
Los magnéticos abren la puerta a funciones imposibles en un mecánico normal. Rapid Trigger elimina el punto fijo de reinicio y reactiva la tecla casi en el instante en que empiezas a levantar el dedo. Multi-Action permite asignar varias acciones a la misma tecla según la profundidad de la pulsación, algo increíblemente personalizable aunque, ojo, endiabladamente difícil de dominar. Y luego están Smart Tap, que separa pulsación rápida de pulsación mantenida, y Tap Lock, que convierte esas acciones de mantener pulsado, como correr o agacharse, en un simple interruptor. Menos fatiga en las partidas largas, vaya.
Para el juego competitivo entra en escena FlashTap SOCD, que gestiona de forma inteligente las pulsaciones opuestas de movimiento, izquierda y derecha, y hace que el counter-strafing salga mucho más rápido y limpio. En un FPS de esos donde una fracción de segundo decide el duelo, se nota. Todo esto se apoya en la tecnología Corsair Axon, que sube la frecuencia de sondeo hasta los 8.000 Hz para recortar el retardo entre lo que pulsas y lo que registra el ordenador. Añade las caperuzas PCB Double Shot, 8 MB de memoria para hasta 5 perfiles, iluminación RGB individual por tecla y certificación IP57 contra polvo y salpicaduras. El precio de venta recomendado es de 99,99 euros.
Unboxing, diseño y primeras impresiones al teclearlo
La caja es la de siempre en Corsair, cartón duro con los colores negro y amarillo, imagen del producto al frente y descripción en varios idiomas por detrás. Se abre a modo de cofre y dentro aparece el teclado protegido con papel reciclado, el panfleto de seguridad y, escondido tras una segunda cubierta de cartón, el cable. Ese cable es el único accesorio, blanco a juego con la unidad recibida, con USB-A por un lado y USB-C por el otro, 1,8 metros de largo y trenzado en nailon.
La unidad que nos ha llegado es la blanca, con algunas teclas en gris para dar contraste y un toque de diseño. Es minúsculo de verdad, sin teclas de función, sin pad numérico y sin direccionales. La tipografía va en mayúsculas, centrada y hacia arriba, y se lee bien incluso con la iluminación apagada. Casi todas las teclas llevan serigrafiada la función secundaria en el lateral inferior, que se activa con la tecla Fn, así que para pulsar F1 hay que hacer Fn más 1. Por debajo, la pegatina de rigor, cuatro gomas antideslizantes en las esquinas y patas elevadoras con tres alturas.
No es un teclado de perfil bajo, conserva la altura habitual de uno con interruptores mecánicos, aunque aquí sean magnéticos. Al levantar las caperuzas, con anclaje estándar, se aprecia que los interruptores magnéticos son más pequeños que los mecánicos clásicos pese a llevar la iluminación integrada. No son hot swap, porque su funcionamiento es distinto, aunque el comportamiento se parezca. Cada interruptor funciona como un potenciómetro totalmente configurable. Las caperuzas ABS sí usan enganche estándar, de modo que deberían valer otros juegos de teclas.
A la hora de escribir hay que ser honestos. Quien venga de un teclado convencional necesitará un buen periodo de adaptación, sobre todo fuera del juego. Depender de la tecla Fn para casi todo resulta incómodo y cuesta memorizar dónde está cada cosa, así que este teclado no lo recomendaríamos para nada que no sea jugar. La iluminación, eso sí, es excelente y en el modelo blanco queda especialmente bonita y elegante, completamente configurable desde el software y con una presencia que llama la atención.
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Imagen: hardzone.es
